El debate sobre el futuro del horario de verano en Estados Unidos volvió a tomar fuerza y, para la frontera entre Tijuana y San Diego, la discusión tiene una relevancia que va mucho más allá de mover las manecillas del reloj. El pasado 14 de julio, la Cámara de Representantes estadounidense aprobó por 308 votos contra 117 una iniciativa para hacer permanente el horario de verano y eliminar los cambios de reloj dos veces al año. El proyecto, sin embargo, todavía debe ser aprobado por el Senado y posteriormente convertirse en ley, por lo que no existe aún un cambio definitivo en los horarios.
Actualmente, Tijuana y California mantienen una sincronía horaria durante el periodo de horario de verano. En 2026, Tijuana adelantó su reloj el 8 de marzo y tiene previsto regresar al horario estándar el 1 de noviembre, siguiendo el mismo esquema de la región del Pacífico de Estados Unidos. Esta coordinación es particularmente importante en Baja California, donde miles de personas cruzan diariamente la frontera por motivos laborales, escolares, comerciales, médicos y de entretenimiento.
El escenario podría cambiar si Washington aprueba mantener permanentemente el horario de verano. California tendría entonces que definir cómo responder dentro del marco permitido por la legislación federal. El estado ya cuenta con antecedentes en este debate: en 2018, los votantes aprobaron la Proposición 7, que contempla la posibilidad de aplicar horario de verano durante todo el año si la legislación federal lo autoriza. Actualmente también existe una propuesta legislativa en California que plantea, en sentido contrario, establecer permanentemente el horario estándar, lo que demuestra que el tema continúa abierto y no existe una decisión estatal definitiva.
Para Tijuana, la principal preocupación sería precisamente perder la sincronía con California. Si California adoptara un esquema permanente y Baja California mantuviera otro, podría aparecer una diferencia de una hora durante determinados periodos del año. Una variación aparentemente pequeña podría tener efectos prácticos para quienes viven en Tijuana y trabajan en San Diego, para estudiantes binacionales, empresas que operan a ambos lados de la frontera y personas que realizan actividades cotidianas cruzando entre ambas ciudades.
El impacto también podría sentirse en el comercio y el turismo binacional. Restaurantes, centros comerciales, hoteles, servicios médicos, operadores turísticos y negocios que reciben clientes de ambos países dependen de horarios coordinados. Lo mismo ocurre con reuniones empresariales, operaciones logísticas y actividades que requieren establecer citas o entregas con proveedores y clientes del otro lado de la frontera. Mantener la misma hora facilita esta dinámica; una diferencia adicional obligaría a incorporar nuevamente cálculos y ajustes en la agenda diaria.
Los cruces fronterizos serían otro punto relevante. Aunque los horarios de operación de los puertos de entrada no dependen exclusivamente del cambio de reloj, una diferencia horaria sí podría modificar la percepción de los usuarios sobre horas pico, jornadas laborales, citas y tiempos de traslado. Para una región binacional donde la movilidad entre Tijuana y San Diego forma parte de la rutina de miles de personas, la sincronización temporal funciona como una herramienta práctica para mantener coordinadas ambas economías.
Por ahora, los relojes no cambiarán de manera permanente en Estados Unidos. La iniciativa aprobada por la Cámara de Representantes continúa su proceso legislativo y su futuro depende del Senado. Mientras no exista una aprobación definitiva, Tijuana seguirá ajustándose al calendario vigente de Baja California y manteniendo la coordinación con California.
La discusión, sin embargo, coloca nuevamente sobre la mesa una cuestión especialmente sensible para la región Cali-Baja: cuando dos ciudades están separadas por una frontera, pero comparten economía, trabajadores, estudiantes, consumidores y familias, incluso una hora puede tener un impacto considerable.

















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