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Es la cuestión digital la que ha modelado nuestro modo de vida: internet supuso una revolución significativa para las relaciones humanas.

Por: Wendy Plascencia 

El nihilismo que nos embriaga, la falta de referencias espirituales han sido suplantados por los valores digitales, la búsqueda constante del ¨me gusta¨ o la necesidad de afirmación personal a través de los ¨otros digitales¨ y a la cultura de la salud y del bienestar.

¿Qué ha puesto el hombre en lugar de Dios? No se ha liberado de cultos y altares. El altar permanece, pero ya no es el lugar del sacrificio y la abnegación, sino del bienestar, del culto a sí mismo, de la reverencia a los grandes dioses de la pantalla. Esto según el escritor Ernesto Sabato, quien orientó sus escritos hacia una indagación existencialista sobre los abismos de la naturaleza humana y la barbarie en la civilización moderna.

Otro gran escritor al que quiero hacer referencia es Byung-Chul Han, que establece que los valores actuales son valores estéticos: la base del mercado que se asienta dentro del entramado neoliberal. Hoy lo que se vende es salud y felicidad, y quienes las ofrecen no dudan en recurrir a estrategias cuanto menos perniciosas que se encuadran dentro de lo que el filósofo Han define como ¨psicopolítica¨ es decir, el arte de la manipulación de masas a través de la emoción. Es ahí donde lo digital cobra su mayor importancia: ahora los templos donde proceder a los rituales son digitales, y las liturgias se ofrecen a modo de consejos y experiencias en las redes sociales. Esta nueva percepción de la vida, que realza el comportamiento egoísta y narcisista del ser humano, está sirviendo para acrecentar el impacto de enfermedades como la ansiedad o la depresión.

El ser humano se ha cosificado en torno al capital gracias a la globalización, se ha convertido en un engranaje en el que su única obsesión es subsistir dentro del sistema capitalista, de tal manera que todo aquello que tiene que ver con el miedo a no ser excluido del mismo es lo que marca su devenir. Han habla de un concepto del ¨infierno de lo igual¨, la estandarización de unos atributos comunes a todos los individuos que moldean al ¨sujeto del rendimiento¨.

Es la cuestión digital la que ha modelado nuestro modo de vida: internet supuso una revolución significativa para las relaciones humanas. Los dos escritores antes citados afirman que la sociedad actual es la sociedad de la transparencia, en la que todos estamos comunicados gracias a la red. No hay intersticios privados entre nosotros. Paradójicamente, esta cercanía digital nos tiene aislados del otro, nos hemos convertido en información transferible, pero sin un sentido narrativo verdaderamente humano.

 

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