Los taxis aéreos eléctricos están cada vez más cerca de pasar de las pruebas a las operaciones comerciales, pero su llegada a las ciudades dependerá de una infraestructura que apenas comienza a desarrollarse: los vertipuertos.
Se trata de instalaciones diseñadas para aeronaves eléctricas de despegue y aterrizaje vertical, conocidas como eVTOL, donde estos vehículos podrán aterrizar, cargar energía y conectar a sus pasajeros con otros medios de transporte. A diferencia de pensar únicamente en una pista o helipuerto, la visión es convertirlos en centros de movilidad donde también puedan convivir vehículos autónomos, servicios de rideshare y transporte terrestre.

El pasado 4 de agosto, Atoms y Joby Aviation anunciaron una alianza para adquirir y desarrollar una red de estos espacios en Estados Unidos. Las empresas señalaron como mercados iniciales a Florida, Nueva York y Texas, además de California, donde Joby tiene una presencia importante dentro del desarrollo de movilidad aérea eléctrica.
La compañía asegura que su aeronave ya entró en la quinta y última etapa del proceso de certificación de tipo ante la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA), un paso indispensable antes de ampliar sus operaciones comerciales. La apuesta no está únicamente en fabricar los vehículos, sino en resolver dónde aterrizarán, cómo se cargarán y de qué manera se integrarán con las ciudades.

SANDAG ya trabaja en una estrategia regional de Advanced Air Mobility que contempla precisamente redes de vertipuertos para taxis aéreos, carga, logística y servicios de emergencia. El organismo analiza cómo esta infraestructura podría integrarse con el transporte existente y reconoce entre los retos particulares de San Diego temas como el espacio aéreo militar, la capacidad eléctrica y la dinámica fronteriza.
Esto no significa que Downtown, el aeropuerto o algún punto cercano a la frontera vayan a recibir un vertipuerto de Joby. Hasta ahora no existe una ubicación anunciada para San Diego ni para Tijuana. Sin embargo, la planeación regional ya considera qué condiciones deberían reunir futuros sitios y cómo conectarlos con las redes de movilidad existentes.

Para una región como CaliBaja, la posibilidad resulta especialmente interesante por la cantidad de desplazamientos que ocurren diariamente entre ambos lados de la frontera. En un escenario futuro, la movilidad aérea podría complementar conexiones entre aeropuertos, centros urbanos o corredores de transporte, aunque un eventual servicio entre San Diego y Tijuana requeriría además resolver regulaciones aeronáuticas, migratorias y de operación binacional.
Por ahora, la red anunciada por Atoms y Joby está apenas en etapa de desarrollo, pero deja claro hacia dónde se dirige la competencia por la movilidad aérea: no bastará con tener un taxi capaz de volar sobre el tráfico.

Las ciudades que logren desarrollar primero los puntos adecuados para aterrizar, cargar energía y conectar pasajeros serán también las que tengan mayores posibilidades de formar parte de esa nueva red. Y en una región tan conectada y al mismo tiempo tan condicionada por la frontera como Tijuana-San Diego, esa infraestructura podría terminar siendo tan importante como las propias aeronaves.















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