Por: Roberto Quijano Luna Abogado. Académico. Autor
Baja California es hoy una región industrial consolidada, pero no lo fue siempre. Detrás de las maquiladoras, de los parques industriales y de la integración con Estados Unidos, existe un modelo que tardó medio siglo en dar frutos: la formación de capital humano.
Instituciones como la Universidad Autónoma de Baja California, el Tecnológico de Tijuana o CETYS Universidad han sido fundamentales. Generación tras generación de técnicos, ingenieros y profesionistas nutrieron a la industria.
Este proceso, lento y a veces poco visible, explica por qué Baja California ha podido sostener un modelo de crecimiento industrial a pesar de carencias en seguridad o infraestructura. No fue un milagro ni una política aislada: fue la acumulación de educación, trabajo y conexión con los mercados globales.
Si contrastamos con El Salvador, se entiende la dimensión. Hoy el país centroamericano presume avances en seguridad, un logro innegable. Sin embargo, carece todavía de un capital humano robusto y masivo que pueda alimentar industrias complejas.
No basta con garantizar paz social: se requiere décadas de inversión educativa, articulación con el sector privado y apertura a cadenas productivas internacionales. El desarrollo económico no se improvisa. En Baja California tomó medio siglo de esfuerzos institucionales y de formación de talento.
Hemos llegado a un punto de nuestro desarrollo donde este modelo industrial-educativo debe ser reevaluado para determinar su viabilidad en el futuro. El mercado va evolucionando y con ello las habilidades y credenciales que se necesitan.
Cada año egresan miles de universitarios listos para insertarse al mundo laboral. Por mucho tiempo, casi tenían garantizado encontrar un buen empleo en el sector privado. Hoy no podemos afirmar eso. Al contrario, son cada vez más los egresados que no logran colocarse en posiciones relacionadas con sus carreras, viéndose orillados a buscar trabajo en otros sectores.
Por otra parte, un reclamo periódico del sector industrial es la ausencia de mano de obra calificada para llenar las vacantes de posiciones especializadas. El argumento es que no hay en esta localidad personas que cumplan con esos perfiles. Si hay algo que limita nuestro potencial es precisamente esto, porque toda gran potencia industrial se ve en la necesidad de seguir capacitando a sus cuadros o importar a este talento de otras partes.
Dadas las necesidades actuales, se debe atraer y retener a talento de fuera para llenar esas vacantes. Esto también nos obliga a reconocer que nuestro actual modelo industrial-educativo debe ser reevaluado. Si aquellos egresados de nuestras escuelas, incluyendo ingenieros, no cuentan con las credenciales que busca el sector industrial, debemos hacer todos los cambios necesarios para solventar esta falla. De lo contrario, se seguirán apilando los profesionistas que no encuentran empleo o aceptan uno por debajo de sus cualificaciones.
El sector industrial de Baja California no es el mismo de hace medio siglo. Lo que comenzó como meras labores de ensamblaje para fines de exportación, hoy es insuficiente. Con la creciente automatización de procesos, se debe apostar por incursionar en tareas calificadas que nos mantengan como una región competitiva a nivel global. De lo contrario, veremos cómo este milagro que hemos construido pierda su magia y con ello grandes oportunidades para acelerar nuestro desarrollo.
















Comments