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Héctor Bustamante, guiando el futuro urbano para Tijuana

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Mientras diversas inmobiliarias replican fórmulas, BRG diseña atmósferas y manifiestos. Su fundador entiende que el liderazgo no se impone, se articula… y cuando es auténtico, también inspira, transforma y trasciende más allá del nombre que lo respalda.

En el sector inmobiliario de Baja California, mencionar a Héctor Bustamante es aludir a una forma de liderazgo forjada con enfoque, método y visión. 

Más que una tendencia, su nombre representa una manera consistente y consciente de transformar el entorno urbano.

Con esa premisa, CAMPESTRE sostuvo un encuentro con el fundador y director de Bustamante Realty Group (BRG), una de las firmas más influyentes en el noroeste del país, para explorar no sólo su historia profesional, sino la arquitectura interna de su pensamiento.

El resultado es una plática amena, un retrato sin artificios que revela a un hombre impulsado por un compromiso profundo con Tijuana, y que ha hecho del liderazgo una acción diaria, concreta y sostenida. 

“Soy un empresario enamorado de la ciudad y de toda la transformación que está viviendo”, nos dice al inicio de la charla.

No necesita proclamarse líder -no es su estilo-, pero como bien dice el dicho: “lo que se ve, no se juzga”. Y en su caso, el liderazgo no se enuncia, sencillamente se encarna.

Habla con la precisión de quien no deja lugar a dudas, ni margen a la improvisación. Cada respuesta suya transmite información con estructura, lógica y propósito; cada palabra confirma que conoce a fondo el terreno que pisa.

Su discurso tiene la lógica de quien ha vendido desde los 15 años y hoy opera como una mente estratégica que transforma zonas, hábitos y dinámicas.

Detrás del método

Para comenzar a entenderlo, basta preguntarle por las palabras que mejor lo definen. 

“Optimismo, resiliencia, diversión, seriedad y entusiasmo”, responde sin titubear. 

Y en efecto, esas cinco palabras lo contienen y lo explican. 

Como escribió alguna vez Viktor Frankl: “Cuando ya no podemos cambiar una situación, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”. 

Héctor ha hecho del cambio una virtud, del desafío un combustible, y de la conducción de equipos, una forma de servir.

Para él, guiar no es mandar, sino inspirar. “El liderazgo es servicio”, sentencia. 

Un servicio que se expresa en pequeños gestos, pero también en decisiones trascendentales, que van desde cuidar el clima laboral hasta transformar un corredor urbano. 

“Quiero que todos los que trabajan conmigo se levanten con ganas de ir a la oficina”. Lo dice con esa pasión tranquila que únicamente da la certeza de estar haciendo lo correcto.

El articulador de líderes

En ese tono reflexivo, Héctor expone una de sus máximas, ponderando que liderar es articular, no imponer. 

“Yo sólo soy articulador de líderes. Tengo mejores vendedores que yo, mejores administradores. El éxito de BRG es la suma de su gente. Tengo a Messi, a Cristiano Ronaldo, a Mbappé”, dice con orgullo.

Porque ahí donde otros verían competencia, él ve inspiración.

Detalla que BRG no es una inmobiliaria convencional. Es una dinastía de talento, un equipo soñado que recluta lo que él llama “superestrellas”. 

“El proceso de integración es riguroso”, explica. “Tres o cuatro entrevistas” y una selección basada no tanto en habilidades técnicas, sino en cuatro principios innegociables: profesionalismo, autoridad, automotivación y armonía. 

Quien entra al grupo, entra a una cultura donde la energía se contagia en la oficina. “Es como ser un Tesla que llega al cargador”, dice con una sonrisa.

La importancia de la cultura y organización interna

Este ecosistema laboral no es casualidad. Es el resultado de un enfoque que entiende que el éxito colectivo comienza con individuos felices y realizados. 

En esa cultura, el rechazo no es derrota, sino parte del juego, resalta Héctor. 

“Las ventas son una rueda de la fortuna. Te cancelan citas, te cuelgan el teléfono… Por eso necesitas estar siempre vibrando en alto. Imagínate convivir con pura gente alegre, optimista… ¡se te pega!”.

 

Cuatro pilares, un mismo ADN

Esa búsqueda de armonía no sólo se expresa en sus pasiones, sino también en el tipo de personas que integra a su equipo. 

Héctor lo dice sin rodeos: el talento técnico es importante, pero lo humano pesa más, por lo que esa búsqueda está sustentada en un filtro que va más allá del currículum. 

“Estas características no necesariamente son habilidades de venta o conocimiento del mercado inmobiliario. Tienen que ver mucho más con tu personalidad”. 

Ahonda en que lo que buscan es que todos los integrantes de BRG compartan, aunque con matices, una mirada similar del mundo: pasión, integridad y propósito.

“Hacerte integrante de BRG implica cumplir con cuatro elementos clave, cuatro condiciones que son un ‘must’ para poder pertenecer: profesional, autoridad, automotivado y armónico”. 

Resalta que ser profesional, para ofrecer un servicio de excelencia. “Tener autoridad, entendida como curiosidad y capacidad autodidacta. Ser automotivado, porque aquí no hay discursos motivacionales, sino voluntad interna. Y ser armónico, para mantener la salud emocional del equipo”.

Esa filosofía se traslada a la práctica todos los días. Desde cómo se recibe un rechazo hasta cómo se celebra un logro. 

“Necesitamos estar contentos, bien seguros de nosotros mismos. Que lo que venga, simplemente fluya”. Héctor entiende que en las ventas, como en la vida, hay que saber surfear las olas.

De la venta a la vocación urbana

Pero detrás de esa maestría comercial hay algo más profundo, demostrando una vocación que deriva en el bien colectivo de la ciudad. 

¿Siempre te viste el mercado inmobiliario?

“Desde los 15 años estoy trabajando en ventas. Siempre he sido vendedor. He tenido muchas carreras en diferentes industrias: fábricas, comercios, empresas propias… pero siempre dentro del tema de ventas. Y hace 20 años empecé en bienes raíces, y definitivamente me di cuenta de que éste es mi ‘mero mole’. Para los que sabemos vender, es lo mismo mover un auto, una casa o un avión. El proceso es el mismo. Pero a mí, en realidad, esto me apasiona, porque quiero que esta ciudad mejore”.

Y es que a través de sus proyectos al frente de BRG, como empresario ha apostado por cambiar no sólo el mercado, sino el paisaje urbano, desde un edificio con certificación LEED, como en su momento lo fue con Vía Corporativo, hasta los complejos compactos de Adamant, pasando por desarrollos como Rancho Tecate, The Wave y el actual Naos, frente al Centro de Convenciones. 

Cada uno con una propuesta, con una intención, porque como diría Jan Gehl, “primero damos forma a las ciudades, y luego ellas nos dan forma a nosotros”.

Viajar para transformar

Y como todo gran transformador, Héctor busca afuera lo que quiere sembrar dentro. 

“Viajo mucho. Y todos mis viajes están combinados con conocer temas de urbanismo, transporte público, desarrollo, museos, librerías… Todo lo que yo quisiera que pasara en Tijuana”.

En Florencia, recuerda haber visitado un sitio con tienda de vinilos, donde los clientes podían llevar su cerveza, poner su propio álbum en la tornamesa y compartir la música con todos. 

“Era un lugar de encuentro, de identidad, de comunidad. Y eso, en esencia, también es ciudad”. 

Cada viaje le deja una idea, una imagen, una posibilidad, su mente opera como radar, captando ideas que dan forma a la esencia de una ciudad, buscándoles un cauce en sus proyectos.

La visión institucional más allá del apellido

Ese espíritu colectivo también lo lleva a pensar en el futuro de su empresa. 

“Lo que quiero es transformar Bustamante Realty Group. Pasar de una empresa familiar a una empresa institucional”. 

Bajo ese pensar, no quiere que BGR dependa de su apellido. Por el contrario, busca que la compañía perdure por la calidad de sus integrantes, por su estructura, por su filosofía.

En coherencia, y para lograr los objetivos, impulsa a su equipo a que “sean embajadores de la marca”, buscando que su gente brille, bajo el entendido que un líder real no busca seguidores, sino crear nuevos líderes.

El temple se forja con tropiezos

No todo liderazgo nace pulido. Héctor es el primero en reconocer que su temple actual es resultado de una ruta con curvas. 

“Yo era muy atrabancado, muy intolerante. Me peleaba, discutía, quería que todo se hiciera como yo decía”, admite. 

Lejos de esconderlo, lo pone sobre la mesa como parte de su formación real, como el tipo de aprendizaje que no viene en los libros, pero que transforma. 

Hoy, asegura, ha recorrido el camino opuesto. Ahora busca fluir incluso en medio de la adversidad.

“Todo mundo está contento cuando le va bien, pero ¿cómo reaccionas ante los tropiezos? Yo aprendí a estar tranquilo incluso cuando las cosas se caen. Ya no me afectan. Hasta los espero”.

Como resultado, su mantra es sencillo, directo y poderoso: “Sí se puede”, confiesa.

Al preguntarle por el mejor consejo que ha recibido, no duda y va directo “Cumple con todos tus compromisos. Hazlo completo. Comprométete de verdad”. Y justamente, esos principios los lleva ceñidos en la conducta. 

Construir es transformar

Al final del camino, cuando las luces de la ciudad titilen entre neblina y vértigo, quedará su nombre grabado no en mármol, sino en convicciones compartidas. 

Héctor Bustamante no edificó una empresa, sino una forma de mejorar la ciudad con profesionales propositivos. 

Y no buscó protagonismo, sino armonía, proyectando un futuro en el que su legado es una forma de habitar el presente con perspectiva de futuro.

Como dijo alguna vez la escritora Maya Angelou, “la gente olvidará lo que dijiste, olvidará lo que hiciste, pero nunca olvidará cómo los hiciste sentir”. 

Precisamente a Tijuana, Héctor le ha hecho sentir esperanza. Le ha hecho imaginarse distinta. Le ha sembrado la idea de que una ciudad también puede ser un manifiesto, uno que lleva firma, pero no ego. 

Así que mientras otros se obsesionan con dejar huella en la arena, él sigue dibujando futuro en el concreto. Sin prisa. Sin pausa. A ritmo de música indie que suele escuchar en Spotify.

Porque donde otros ven ladrillos, Héctor Bustamante ve comunidad. Y donde otros construyen edificios, él, simplemente, construye significado.

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