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FITUR 2026: México deja de promocionarse y empieza a posicionarse

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Por: Wendy Plascencia

En enero de 2026, la Feria Internacional de Turismo (FITUR) en IFEMA, Madrid, no sólo confirmó una vez más su condición de cumbre mundial del sector turístico, sino que marcó un momento histórico para México: por primera vez el país participó como país socio, esto implicó que México tuvo un papel destacado con agenda de presentaciones, stands propios y promoción especial dentro de la feria; aportando la mayor presencia institucional de su historia en la feria con los 32 estados representados, una delegación de alrededor de 800 personas y un pabellón de exposición que supera los 1 780 m², el más grande de las Américas. Esta presencia masiva refleja un despliegue promocional, además de una narrativa renovada en la que México se proyecta como una potencia turística global y un actor clave de inversión y negocios en un contexto donde 2026 está llamado a ser un año decisivo para la industria. 

La edición 46 de FITUR reunió a más de 10 000 empresas y 161 países, consolidándose como la feria más importante del mundo para la generación de negocios, alianzas y conocimiento sectorial, con espacios dedicados a innovación, sostenibilidad y tendencias que van más allá de la mera exhibición de destinos. Este rol transformador de la feria como plataforma donde convergen gobiernos, touroperadores, inversionistas y medios internacionales es ahora más evidente que nunca, y México supo capitalizarlo con una estrategia ambiciosa y coordinada. 

Este contexto global no es anecdótico: según datos oficiales, México recibió cerca de 79.3 millones de visitantes internacionales entre enero y octubre de 2025, con un aumento de más del 13 % respecto al año anterior y una derrama económica que lo posiciona entre los destinos más competitivos del planeta. La participación como País Socio en FITUR se concatena con esa dinámica de crecimiento, con el objetivo explícito de consolidar la presencia del país no únicamente como receptor de turistas, sino como centro de inversiones, conectividad y experiencias turísticas diversificadas que trascienden la temporada alta y generan beneficios amplios para la economía y las comunidades locales. 

En este escenario global, el turismo ya no se vive del mismo modo que antes. La agenda actual del sector apunta hacia experiencias más profundas y significativas: turismo cultural, urbano, gastronómico, comunitario y sostenible, que integre identidad y patrimonio con la vida cotidiana de quienes habitan los destinos. El debate sobre sostenibilidad, innovación y responsabilidad social fue uno de los ejes transversales en FITUR 2026, reflejando la creciente preocupación por modelos turísticos que generen valor social y territorial, no sólo cifras de visitantes y que ayuden a equilibrar los efectos del turismo con la cohesión urbana, la calidad de vida y la protección de los espacios públicos. 

Para Baja California, esta transformación de la industria global ofrece un espejo y una oportunidad. La región ya ha mostrado su capacidad para destacar: en 2025 fue sede del Tianguis Turístico México, evento que movilizó a operadores, prestadores de servicios y agentes internacionales, generó decenas de miles de citas de negocio y consolidó al Estado como un nodo turístico emergente en el norte del país. Ese modelo que combina proyección internacional con generación de redes de negocio, ilustra cabalmente la lógica actual del turismo: no se trata únicamente de recibir visitantes, sino de atraer inversión, diversificar mercados y construir relaciones estratégicas de largo plazo que fortalezcan los territorios y las economías locales.

En este contexto, el nombramiento de Miguel Ángel Badiola Montaño como Secretario de Turismo de Baja California adquiere un significado especial. Su trayectoria en organismos empresariales y su experiencia en la gestión de proyectos turísticos fronterizos le dan herramientas para articular una visión estratégica que conecte la proyección internacional con resultados concretos en inversión y desarrollo regional. Más que promocionar destinos, su liderazgo puede traducir las participaciones en eventos globales, como FITUR y el propio Tianguis Turístico, en proyectos productivos, conectividad ampliada, diversificación de oferta y empleo de calidad para las comunidades locales.

Hoy, el turismo en 2026 se vive como un instrumento de política pública y de diplomacia económica. Las ferias globales han dejado de ser vitrinas para convertirse en centros de decisión donde se negocian alianzas, se atrae capital y se consolida la competitividad internacional. 

Para regiones fronterizas como Baja California, entender esa dimensión es clave: el turismo puede ser motor de bienestar, de cohesión urbana y de dignidad territorial, siempre que ponga al ser humano —y no sólo al visitante— en el centro. Ese es el verdadero desafío del turismo en 2026, y también su mayor oportunidad.

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