Por: Gustavo Morales
En estos tiempos, donde nosotros como sociedad vemos que los políticos se “echan la bolita” por las cosas malas que pasan en el país, dejamos de mirar hacia el interior de nuestra comunidad, de nuestros hogares y de nosotros mismos. Se nos hace fácil repartir culpas —principalmente al gobierno, a los políticos y a los servidores públicos— que, si bien es cierto, son responsables de muchos conflictos sociales, también lo es que hemos dejado de asumir nuestra responsabilidad colectiva como sociedad, olvidando que somos su núcleo, empezando por nuestra familia, nuestra comunidad, nuestra colonia y nuestra ciudad.
El terrible y cobarde asesinato de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan, Michoacán, nos obliga a reflexionar como sociedad y a comentarlo en nuestros hogares con la familia, porque es incomprensible el nivel de crueldad al que estamos llegando. Pero evadimos nuestra responsabilidad, y todos nosotros tenemos, en estricto sentido, un porcentaje de culpa. Te explico.
La base que ha fortalecido al crimen organizado es su poder adquisitivo. Si estas organizaciones cotizaran en bolsa, serían las mejores empresas del mundo: su producto se distribuye en todos lados, sus utilidades son altísimas y sus precios los pagan todas las clases sociales.
Un consumidor de droga —aunque sea marihuana y crea que no le hace daño a nadie por fumar hierba—, con el simple hecho de consumir, ya abonó al imperio del crimen organizado. Sea cual sea el grupo delictivo al que llegó ese dinero por la droga, lo cierto es que logró su objetivo: vender su producto.
Nosotros, como sociedad, les generamos tanto dinero que, con la mano en la cintura, sobornan a mandos policiacos, funcionarios, políticos e incluso instituciones enteras. Y quiero aclarar que esto no sólo ocurre en México; es un conflicto presente en todos los países del mundo.
Tú y yo somos cómplices de que estas organizaciones criminales sean cada vez más fuertes, estén más armadas que las policías municipales —y, en algunos lugares, más que las estatales—, y tengan más dinero para ofrecer empleos a menores de edad que prefieren ser sicarios que ir a la escuela. Y si no crees que eres responsable, entonces no solapes al que vende droga en tu colonia, ni a tu familiar que, sabes, consume y es adicto. Y, por supuesto, no te vuelvas parte de este círculo vicioso que nos tiene absorbidos como sociedad, como gobierno y como país.
Justo esto reclamaba y evidenciaba Carlos Manzo. Por eso lo callaron.

















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