Sheinbaum y la confianza empresarial
La doctora Claudia Sheinbaum presentó su Primer Informe de Gobierno en Palacio Nacional con un discurso cargado de cifras: 13.5 millones de personas que salieron de la pobreza en seis años, reducción de la desigualdad al nivel más bajo en cuatro décadas, inversión histórica de 850 mil millones de pesos en programas sociales y un peso que se mantiene por debajo de los 19 por dólar. El desempleo bajó a 2.7 por ciento, de los niveles más bajos del mundo, y la inflación anual de 3.5 por ciento marcó su punto más reducido desde 2021.
También presumió logros tangibles, como la inauguración de 15 hospitales y la meta de abrir 16 más este año; la puesta en marcha de 20 proyectos estratégicos de agua potable; inversión en trenes por 180 mil millones de pesos; y la construcción en curso de 390 mil viviendas dignas para trabajadores. En seguridad, aseguró que el homicidio doloso cayó 25 por ciento en once meses y los feminicidios bajaron 34 por ciento.
Pero el verdadero subtexto del informe no estuvo en las gráficas. Estuvo en los rostros de los invitados en las primeras filas.
Carlos Slim Helú, presidente de Grupo Carso, acompañado por su hijo Carlos Slim Domit, presidente del Consejo de Administración de América Móvil; Germán Larrea, de Grupo México; Altagracia Gómez Sierra, presidenta del Consejo Asesor Empresarial; Daniel Chávez, fundador de Grupo Vidanta; Daniel Servitje, presidente ejecutivo de Bimbo; Antonio del Valle, del Consejo Mexicano de Negocios; Gina Diez Barroso, directora de Diarq Holding; Máximo Vedoya, director general de Ternium; y Emilio Romano, presidente de la Asociación de Bancos de México, acudieron al evento.
La presencia de ese bloque empresarial envía una señal política de relevancia. Los principales capitales del país mantienen disposición de acompañar al nuevo gobierno en esta etapa.
Y ahí mismo, Sheinbaum lanzó un mensaje directo: convocó a los empresarios a invertir en los Polos de Desarrollo del Plan México, una estrategia que articula corredores industriales en 14 entidades con infraestructura estratégica para atraer inversión.
Los Polos de Desarrollo para el Bienestar (Podebis) ya cuentan con cinco de los 15 polos iniciales en marcha, además de ocho en el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec y 18 de los 100 parques industriales anunciados. El objetivo es producir más para el consumo interno, sustituir importaciones, diversificar comercio exterior y potenciar la inversión pública y privada, nacional y extranjera.
Lo más importante es que esta sinergia no se trata de una cortesía protocolaria, sino de un reconocimiento mutuo. Los grandes capitales necesitan certidumbre y reglas claras para seguir invirtiendo; el gobierno requiere de ellos para sostener el crecimiento, atraer capital extranjero y financiar megaproyectos.
Así que la presencia de los empresarios vale tanto como los números presentados, mostrando un pacto entre el poder político y el económico.
Al final, el Informe va más allá del recuento de logros y proyecta la continuidad social para la base política y, al mismo tiempo, gobernabilidad frente al sector privado, apostando, ambos sectores, a la infraestructura, energía, minería, telecomunicaciones y megaproyectos.
Por lo pronto, el reto será mantener esa ecuación sin romper el delicado balance entre justicia social y confianza empresarial.
Olinia, la jugada mexicana en la electromovilidad

México ha decidido entrar, y en serio, al tablero global de la movilidad eléctrica.
La presentación hace algunos días de Olinia, la armadora nacional de mini vehículos eléctricos fue un mensaje empresarial y político, en el que el país busca competir en una industria que moverá miles de millones de dólares en la próxima década.
Este mes patrio se develarán los primeros dos modelos, uno de pasajeros y otro de uso comercial, con el planteamiento pragmático de ofrecer alternativas más baratas que un auto de combustión y más seguras y cómodas que un mototaxi.
Serán en esencia, vehículos eléctricos capaces de recargarse en cualquier enchufe doméstico, diseñados por científicos e ingenieros mexicanos y con costos de operación más bajos incluso que los de una motocicleta.
Lo más importante es que el proyecto no es improvisado. Detrás hay más de 100 investigadores del IPN, TecNM, UNAM y centros públicos, coordinados por la Secihti.
La presidenta Claudia Sheinbaum lo ha resumido como “un proyecto hermoso”. Pero detrás de la estética está la apuesta estratégica, sobre reducir dependencia tecnológica, estimular cadenas de valor nacionales y generar un ecosistema productivo en torno a la electromovilidad.
Por lo pronto, el contexto internacional juega a favor. Mientras Estados Unidos acelera incentivos para autos eléctricos y Europa ajusta sus regulaciones ambientales, México busca posicionarse como proveedor y productor competitivo.
La combinación de costos laborales bajos, ubicación estratégica y el nearshoring abre espacio para que proyectos como Olinia tengan mercado no nada más en el país, sino en la región.
Para ello, la pieza complementaria es el Centro Nacional de Semiconductores Kutsari, con sedes en Puebla, Jalisco y Sonora.
Su meta es diseñar chips propios para sectores clave como el médico y, a mediano plazo, alcanzar independencia tecnológica. Para 2027 se proyecta el primer chip comercial mexicano; para 2030, la autosustentabilidad con al menos 100 diseñadores especializados.
En términos empresariales, la apuesta es que México transite de ser ensamblador a ser creador de tecnología.
Olinia y Kutsari son laboratorios de viabilidad, y si funcionan, el país dará un paso hacia la movilidad, bajo un modelo industrial con mayor valor agregado.
El reto, como en todo proyecto emergente, será pasar de la narrativa al mercado.
La diferencia entre un prototipo atractivo y una industria rentable radica en la capacidad de atraer inversión, escalar producción y generar confianza.
Si Olinia logra esa ecuación, la liebre alebrije puede convertirse en el símbolo de un país que decidió jugar en grande.

















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