Ensenada, joya de la corona de Baja California, el brazo poderoso de la nación.
Por: Lic. Claudia Agatón Muñiz, presidenta Municipal de Ensenada
Hablar de México, es hablar de amor, de solidaridad, de esfuerzo, de olores, sabores y escenarios naturales maravillosos que se respiran, que se viven, que se sienten.
La grandeza de nuestra tierra y de nuestra gente emerge aún en el caos, y esa fortaleza que nos caracteriza, nos hace una nación única. La añoranza de quienes están fuera, la experiencia inolvidable de quienes nos visitan y el terruño amado de quienes se quedan.
De Sur a Norte, del verde de la selva y de las sierras madres que atestiguan la historia de la antigua Mesoamérica; al clima seco de dunas, cactus, costas y desiertos de belleza inigualable de la ancestral Aridoamérica, nuestra historia de lucha es una llama que se mantiene viva en el corazón de cada mexicana y de cada mexicano.
Cada región, cada lengua, cada platillo, cada tradición es testimonio vivo de nuestra riqueza y diversidad. De la tortilla azul, amarilla y blanca, de la salsa de chile verde, de adobos, de moles, de pulque, de mezcal, de tequila y del vino que nos enorgullece a las y los bajacalifornianos.
Los vinos mexicanos, más del 70% producidos en los valles ensenadenses, hoy nos representan a nivel mundial, como muestra de la grandeza mexicana y de la fusión con las hijas y los hijos que a lo largo de siglos han venido de naciones lejanas y nuestra tierra ha abrazado como suyos.
Ni que decir, de la producción de cerveza artesanal, con elementos de la más alta calidad, que pone los ojos de nacionales y extranjeros en la joya de la corona del brazo poderoso de México.
¿Nuestra gastronomía? La más rica, con productos que enaltecen la vida marina, la tradición agrícola, ganadera y avícola ensenadense, la tierra más antigua de Baja California.
Nuestra riqueza cultural, es el legado de nuestros ancestros, de los grupos nativos, pero también de quienes conquistaron y sobrevivieron a esta tierra bravía.
Es el esfuerzo de todas y de todos, que con un taquito de pescado o de carnita asada, con una cerveza bien fría o un vino bajacaliforniano, con una vista al mar, a la montaña o al desierto, nos emocionamos cuando del acordeón y de la guitarra suenan las notas de Pescadores de Ensenada, y cuando con orgullo cantamos ¡Yo soy puro Cachanilla, lo digo sin pretensión, Soy de Baja California, norteño de corazón!
Hoy, mañana y siempre, que ¡Viva México, Baja California y Ensenada!
















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