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Fraude inmobiliario, una amenaza silenciosa en el mercado de la vivienda

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Por: Lic. Carlos Daniel Núñez Díaz, abogado en Fuentes Santillán y Asociados 

Durante los últimos años, el sector inmobiliario ha experimentado un auge significativo impulsado por el crecimiento urbano, la digitalización de los procesos de compraventa y el acceso a nuevas plataformas de promoción de bienes raíces. 

Sin embargo, este mismo dinamismo ha abierto la puerta a un fenómeno cada vez más preocupante: el fraude inmobiliario. 

Desde la venta de propiedades inexistentes hasta la falsificación de documentos y suplantación de identidad, estas prácticas fraudulentas han dejado comprometido o afectado el patrimonio de miles de personas y han puesto en entredicho la seguridad jurídica del mercado.

El desconocimiento legal, la confianza excesiva en intermediarios inexpertos en temas inmobiliarios y la falta de regulación en algunos procesos son factores que facilitan que los delincuentes actúen con impunidad. 

Ante este panorama, resulta fundamental conocer cómo operan estos fraudes, cuáles son las señales de alerta y qué medidas preventivas pueden adoptarse para proteger tanto a compradores como a vendedores. 

Para ello, es importante acercarse con un abogado experto en temas inmobiliarios, quien pueda analizar los antecedentes registrales de una propiedad.

Conforme a la legislación mexicana, todos los bienes inmuebles deben estar inscritos ante el Registro Público de la Propiedad y del Comercio; éste es el primer requisito que debe revisarse al momento de adquirir una propiedad.

De manera cada vez más frecuente se han presentado casos en los que una persona que no es propietaria de un bien inmueble falsifica documentación mediante un contrato privado, el cual no fue celebrado conforme a las formalidades que exigen las leyes, causando perjuicios patrimoniales y legales a los compradores. Esto sucede porque muchas veces no se cercioran de quién es el verdadero propietario del inmueble, viéndose obligados posteriormente a realizar gastos en juicios innecesarios o en acciones que pueden tardar años en resolverse, además del desgaste emocional que ello implica.

En ese sentido, contratar a un abogado inmobiliario experto en el área no es un gasto, sino una inversión en seguridad jurídica. Este profesional brinda la certeza de que cada paso en una compraventa, arrendamiento o trámite de propiedad se realice conforme a la ley, evitando fraudes, pérdidas económicas y conflictos futuros. Su experiencia permite detectar irregularidades en documentos, contratos o registros que para una persona sin formación legal pasarían desapercibidas. 

Porque en un mercado donde los fraudes inmobiliarios son cada vez más sofisticados, contar con la asesoría de un abogado especializado representa la mejor garantía para proteger el patrimonio y tomar decisiones informadas y seguras.

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