Roger Federer pasó buena parte de su carrera haciendo que el tenis pareciera sencillo. El sábado 29 de agosto, en Newport, Rhode Island, recordó que algunas de las emociones más grandes de una vida también pueden ser difíciles de controlar.
El suizo fue oficialmente incorporado al International Tennis Hall of Fame, acompañado por su esposa, Mirka Federer, quien fue la encargada de presentarlo durante la ceremonia.
Y Federer lloró.
Lo hizo al recordar sus primeros años en Basilea, a sus padres, a sus entrenadores y, especialmente, a la familia que construyó alrededor de una carrera que terminó en 2022 después de conquistar 20 títulos de Grand Slam.

Durante su discurso, Federer recordó que la fama nunca fue el objetivo. Su meta, explicó, fue dedicar su vida a algo que amaba y compartirlo con personas que también lo amaban.
El momento más emotivo llegó cuando habló de Mirka y de todo lo que significó su acompañamiento durante las distintas etapas de su carrera. Federer tuvo que detenerse varias veces para contener las lágrimas.
La escena contrastaba con el jugador que durante décadas parecía tener el control absoluto de cada movimiento.
Federer se retiró con 103 títulos ATP, ocho Wimbledon —récord masculino—, seis Australian Open, cinco US Open y un Roland Garros. También ocupó el número uno mundial durante 310 semanas.
Pero su legado no cabe solamente en una colección de trofeos.
Está en la manera en que cambió la percepción del tenis. En su estética, en su técnica, en la precisión de sus movimientos y en una personalidad pública que convirtió la elegancia en una parte inseparable de su marca.
En Newport, Federer no recibió únicamente un reconocimiento por lo que ganó.
Recibió un lugar permanente en la historia del deporte.
Y quizá por eso su discurso tuvo un tono particularmente significativo: habló de su carrera como una carta de amor al tenis y dejó claro que, aunque su etapa como jugador terminó, su relación con el deporte continúa.
Federer ya no compite.
Pero algunas carreras no terminan cuando el jugador deja la cancha.
Simplemente cambian de escenario.














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