La tensión comercial entre las dos mayores economías del mundo vuelve a situarse en el centro del escenario internacional. En una conferencia de prensa celebrada este viernes en Pekín, el ministro de Comercio de China, Wang Wentao, reveló que los productos chinos enfrentan actualmente aranceles promedio del 53.6 % al ingresar a Estados Unidos, convirtiendo a China en uno de los países más gravados por la política comercial estadounidense.

Wang desglosó esta cifra en tres componentes: un 10 % de base general, un 20 % específicamente dirigido a productos relacionados con precursores químicos del fentanilo, y un 23.6 % derivado de gravámenes previamente establecidos. “China está entre los países con los aranceles estadounidenses más altos del mundo”, subrayó el ministro.
El anuncio llega en medio de una tregua comercial de 90 días pactada entre Pekín y Washington desde mayo pasado, en la que ambas partes acordaron reducir 115 puntos porcentuales en las tarifas recíprocas, tras un incremento significativo de aranceles aplicado desde abril. Este pacto temporal, que debe concluir antes del 12 de agosto, busca allanar el camino hacia un acuerdo de largo plazo. Sin embargo, funcionarios estadounidenses han aclarado que el plazo es “flexible”.
“El diálogo y las consultas son la mejor forma de resolver los problemas”, enfatizó Wang, reconociendo que, si bien los lazos económicos han pasado por “altibajos”, Estados Unidos y China continúan siendo “socios importantes”.
Desde 2018, cuando se desató la guerra comercial bajo la administración Trump, Estados Unidos ha adoptado una postura más proteccionista, aplicando sanciones, restricciones a exportaciones tecnológicas y medidas dirigidas a industrias estratégicas chinas. Wang acusó a Washington de recurrir cada vez más al “unilateralismo”, lo que —según dijo— ha afectado gravemente la cooperación económica entre ambas potencias.
No obstante, los datos muestran que la interdependencia se mantiene. Entre 2017 y 2024, los intercambios de bienes entre ambos países crecieron un 18 %, y los servicios aumentaron un 34.7 %. “Esto demuestra la solidez de los lazos comerciales y la imposibilidad de lograr un desacople artificial”, aseguró Wang.
Pese a la presión arancelaria, China ha logrado reducir su dependencia de las exportaciones a Estados Unidos. Entre 2020 y 2024, la proporción de estas ventas dentro del total exportador cayó del 17.4 % al 14.7 %. Incluso en el primer semestre de 2025, cuando las exportaciones chinas a EE.UU. descendieron un 9.9 %, las ventas globales al exterior crecieron un 7.2 %.
Para el ministro chino, estas cifras son una señal de la “resistencia” estructural de la economía del país, que ha sabido diversificar mercados y mantener su impulso exportador, incluso en un entorno internacional más proteccionista.
Un acuerdo aún incierto
El reloj corre hacia el 12 de agosto, fecha límite para convertir la tregua comercial en un acuerdo formal. Entre los puntos clave del entendimiento provisional alcanzado en junio se encuentra el levantamiento de restricciones a exportaciones de tierras raras, un recurso estratégico en el que China domina el mercado global.
Pero el camino no está exento de obstáculos. Las diferencias estructurales, los intereses geopolíticos y la presión electoral en EE.UU. podrían entorpecer el cierre de un pacto definitivo.
Por ahora, China apuesta por mantener el canal del diálogo abierto y demostrar que, pese a los aranceles, su economía sigue en pie, diversificándose y defendiendo su posición en el comercio global. La pregunta es si Washington está dispuesto a virar del enfrentamiento a una cooperación pragmática y mutuamente beneficiosa.
















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