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Cuba: ¿hundirte con el barco o aceptar que suba el perpetuador de tu desgracia?

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La isla caribeña, quizá una de las más queridas por Latinoamérica, continúa hundiéndose en un mar de sanciones. Y aunque aprendió a flotar durante años, pareciera que el buque militar más agresivo del mundo no se cansa de abrirle nuevos agujeros con más y más cañones de castigos económicos.

Recientemente, Trump afirmó que “le quieren ayudar” al pueblo cubano, casi como si le creyéramos. Casi como si no fuera él mismo quien lo tiene contra las cuerdas. Como siempre, por poder.

Un castigo que se vende como una medida contra el gobierno, pero que terminan cobrándolo a la gente. Un pueblo que vive entre apagones, que busca luz para pacientes en hospitales sin electricidad, que intenta moverse sin gasolina, mientras le limitan el acceso a aquello que hace funcionar todo lo demás: las bombas de agua, los camiones de basura, el transporte, o simplemente la posibilidad de ver una calle iluminada al caer la tarde.

Estados Unidos no solo le ha bloqueado el acceso a la electricidad, también le ha bloqueado el acceso a una vida digna. Como si quienes pagan estas sanciones no fueran humanos. Como si el sufrimiento colectivo pudiera seguir justificándose en nombre de la política.

Y lo más inquietante es que esto también demuestra que el sometimiento va mucho más allá de los países sancionados en papel y pluma.

Primero fueron las sanciones tradicionales. Ahora también presionan a bancos, empresas extranjeras e incluso gobiernos que mantengan relaciones comerciales con La Habana.

Trump no solo bloquea a Cuba, bloquea a cualquiera que intente hacer operaciones importantes con su gobierno. Porque pocos tienen la fuerza para correr el riesgo de ser castigados por una potencia que, además de su músculo económico y militar, hoy tiene al frente a un empresario agresivo acostumbrado a operar el mundo como si fuera una negociación personal.

No solo tiene a Cuba en la lona. Tiene a muchos otros contra las cuerdas, casi como un acto de sometimiento sistemático convertido en espectáculo. Que todos vean lo que pasa cuando alguien se atreve a desafiar al poder.

México y otros países latinoamericanos han enviado ayuda humanitaria porque todavía recuerdan que del otro lado del mar hay personas, niños, madres, enfermos. HUMANOS. Pero incluso ellos saben que carecen de la fuerza suficiente para enfrentar al perpetrador de esta violencia económica.

Todos entienden que está mal.

Pero muy pocos tienen el poder para hacer algo al respecto y aunque lo tengan, no es una lucha que prioricen enfrentar.

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