La frontera entre Tijuana y San Diego es mucho más que una línea divisoria entre dos países. Para quienes viven en esta región, representa una dinámica cotidiana marcada por el trabajo, la familia, los negocios, la educación, la cultura y una constante relación entre comunidades que, aunque pertenecen a naciones distintas, comparten buena parte de sus retos y oportunidades.
Desde la experiencia de más de cuatro décadas en el ejercicio profesional, Jorge D’ Garay plantea que comprender la frontera exige observarla desde la vida diaria. Miles de personas cruzan en ambas direcciones para trabajar, estudiar, visitar a sus familias, recibir atención médica, realizar negocios o participar en actividades culturales y deportivas. Esa interacción permanente ha construido una región profundamente interdependiente.
En este escenario, las relaciones públicas adquieren un papel que va mucho más allá de los eventos, el protocolo o la exposición mediática. Entendidas como una disciplina estratégica, pueden contribuir a generar confianza, interpretar contextos, anticipar riesgos y fortalecer el diálogo entre empresas, instituciones, gobiernos y comunidades.
La confianza, señala esta visión, no surge de manera espontánea. Se construye con tiempo, escucha, coherencia y transparencia. En una región binacional, donde las decisiones tomadas de un lado de la frontera pueden tener consecuencias inmediatas en el otro, mantener canales de comunicación sólidos resulta fundamental.
Los desafíos compartidos son numerosos. La movilidad fronteriza, el abastecimiento de agua, la contaminación del Río Tijuana, la migración, el cambio climático y la incertidumbre comercial son asuntos que trascienden las garitas. Resolverlos requiere infraestructura, inversión, políticas públicas y voluntad institucional, pero también capacidad para dialogar y encontrar intereses comunes.
Es precisamente ahí donde las relaciones públicas pueden convertirse en una herramienta de colaboración: acercando sectores que pocas veces conversan, facilitando la comprensión de temas complejos y contribuyendo a transformar diferencias en oportunidades de entendimiento.
La construcción de una región más integrada tampoco depende exclusivamente de los gobiernos. Empresas, universidades, organizaciones civiles, medios de comunicación y sectores como el turismo, la salud, la gastronomía, el arte y el deporte participan diariamente en una relación que fortalece los vínculos entre ambas ciudades.
En tiempos de incertidumbre y tensiones internacionales, construir puentes adquiere un significado renovado. Porque las fronteras no solo existen en los mapas; también pueden aparecer en forma de prejuicios, desconfianza y falta de diálogo. Superarlas exige algo más que comunicación: requiere congruencia, cooperación y la voluntad de reconocer que Tijuana y San Diego comparten un presente que, inevitablemente, también las obliga a pensar juntas en el futuro.

















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