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Cine sin Fronteras: cuando el muro se convierte en pantalla y puente

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Del 18 al 22 de noviembre, Tijuana fue el epicentro de un encuentro cinematográfico que desafió los límites geográficos y narrativos. “Cine sin Fronteras” no solo proyectó películas. Fueron realidades, sueños y luchas en el muro más transitado del mundo.

Durante cinco días, la frontera entre México y Estados Unidos se transformó en un lienzo de luz y resistencia. El festival Cine sin Fronteras, celebrado en Tijuana, Baja California, reunió a cineastas, artistas y activistas de México, Colombia, Argentina, Brasil y Guatemala, en una coproducción que apostó por el cine como herramienta de reflexión y acción colectiva.

“Esta es una puesta en común entre Argentina, Colombia y México para hacer un llamado por la movilidad digna a través de nuestras propias narrativas”, expresó Paula Colmenares, coordinadora del Patio Cultural por la Migración Digna en América Latina. “Es apenas la primera edición. La segunda pensamos hacerla en otra frontera, para seguir convocando y creciendo”.

El festival culminó con la firma de un tratado de acuerdos y acciones concretas entre los países participantes, con el objetivo de construir narrativas regionales que dialoguen con otras geografías como Estados Unidos y Europa.

“Queremos mostrar la riqueza de nuestra migración y exigir, desde la cultura, el derecho a ser parte de esas sociedades con dignidad”, señalaron los organizadores.

Uno de los momentos más simbólicos fue la inauguración de un mural colectivo en el muro fronterizo. La obra, resultado de una convocatoria abierta a artistas latinoamericanos, recibió propuestas de Argentina, Colombia y Chile. La pieza final representa dos serpientes entrelazadas.

Una del lado mexicano, evocando a Kukulkán y la cosmovisión maya; la otra, del lado estadounidense, con elementos de culturas originarias del norte. Ambas comparten colores, texturas y símbolos que narran la unidad de los pueblos del continente.

“No es una lucha entre opuestos, sino un acompañamiento. En la piel de estas serpientes está la historia, la resistencia y la belleza de nuestras tierras”, explicaron los curadores del mural.

 

Cine sin Fronteras dejó una huella profunda en la ciudad y en quienes participaron. Más que un festival, fue un acto poético de desobediencia visual, una invitación a mirar el muro no como barrera, sino como pantalla para contar lo que duele, lo que sueña y lo que une.

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