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Al Chu, el hombre que conecta a Tijuana con el noreste de China

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Migrante, empresario y hoy representante diplomático de la provincia china de Jilin y de la ciudad de Changchun en México, Al Chu ha dedicado casi medio siglo a tender vínculos entre Asia y Baja California, convencido de que las relaciones entre culturas comienzan con algo más simple que la política o el comercio: la confianza.

Hay hombres cuya biografía se parece más a una ruta marítima que a una línea recta. Nacen en un continente, aprenden a sobrevivir en otro y terminan construyendo su destino en una ciudad tan lejana como los sueños que algún día se propusieron.

La vida de Al Chu pertenece a esa clase de trayectorias en las que el mundo se cruza, se trabaja y se negocia.

Su historia comienza lejos de aquí. Nació en Taiwán, creció bajo la disciplina de una cultura milenaria y, todavía joven, emprendió un viaje que lo llevaría primero a Brasil y más tarde al Norte del continente americano. 

En el camino estudió la universidad en Estados Unidos, regresó a Sudamérica y, empujado por la inestabilidad económica que vivía Brasil en aquellos años, decidió buscar nuevas oportunidades en el Norte del continente.

Cuando finalmente llegó a esta región, a finales de los años setenta, Tijuana era todavía una ciudad que no terminaba de descubrir qué quería ser. 

“Era 1978, era una ciudad muy atrasada, pero vi la oportunidad de invertir”, recuerda.

Aquel territorio incierto, sin embargo, tenía algo que las ciudades maduras ya no ofrecen, como lo es el espacio para imaginar el futuro.

En ese escenario, Al Chu comenzó a trabajar, primero como empresario y más tarde como un intermediario natural entre México y China. 

Con el tiempo, su figura se volvió familiar dentro de los círculos empresariales y diplomáticos de la frontera. Y lo más auténtico de todo fue que lo construyó con credibilidad.

De la fábrica a la frontera

En un encuentro con CAMPESTRE, Al Chu platica sus primeros momentos en la región. “Llegué primero a San Diego. Durante treinta años viví allá, pero todos los días venía a trabajar a Tijuana”.

Durante esos años dirigía Fábrica Nogal, empresa familiar dedicada a la producción de mobiliario, principalmente para hoteles, creciendo de manera constante hasta convertirse en una operación industrial de gran escala.

Llegó a emplear alrededor de tres mil trabajadores y producía cerca de nueve mil salas por semana, abasteciendo a cadenas hoteleras y proyectos turísticos.

Aquella etapa estuvo marcada por jornadas largas y por la responsabilidad de sostener una operación que dependía del trabajo de miles de familias. “Los mexicanos son muy honestos y muy trabajadores”, afirma, tras recordar aquellos años.

Un puente entre China y Baja California

Después del cierre de su fábrica en 2010, Al Chu decidió enfocar su energía en fortalecer los vínculos entre México y varias regiones del noreste de China.

Actualmente representa a la provincia de Jilin y a su capital Changchun. “Es una provincia muy cercana a Beijing, a una hora y media, con cerca de 25 millones de habitantes y una industria automotriz muy fuerte”, explica.

Changchun es considerada uno de los centros industriales más importantes de China, comparable con Detroit por su capacidad productiva. 

En la región operan decenas de fábricas dedicadas a la producción de automóviles y trenes, explica.

Sin embargo, el interés de Al Chu no se limita a promover vínculos empresariales. Parte esencial de su labor consiste en invitar a los bajacalifornianos a conocer esa región del noreste chino, convencido de que se trata de un destino que puede sorprender por su hospitalidad, su cultura y su cocina.

La provincia combina montañas, paisajes agrícolas y ciudades que durante el invierno se transforman en escenarios extraordinarios.

La gastronomía también forma parte de esa experiencia. El tradicional hot pot, plato caliente que se comparte en la mesa durante los meses fríos, refleja una tradición culinaria marcada por la convivencia cultural de una región donde confluyen influencias de Corea y Rusia.

Diplomacia cotidiana

La función que desempeña hoy consiste en algo más complejo que representar instituciones. 

Su trabajo implica explicar escenarios, traducir prácticas empresariales y generar confianza entre inversionistas que buscan comprender cómo funciona México.

Así que cuando se le pregunta qué significa para Tijuana mantener vínculos con una provincia china como Jilin, responde con una idea sencilla: “Significa abrir los ojos para México”, afirma.

Y es que durante los últimos años, delegaciones empresariales provenientes de esa región han visitado el país con el objetivo de explorar proyectos de inversión. 

Además de las reuniones empresariales, organiza recorridos por ciudades de Baja California —Rosarito, Ensenada, Mexicali y Tecate— para mostrar a potenciales inversionistas el dinamismo económico de la región.

El viaje que todavía continúa

La vida de Al Chu ha estado marcada por el movimiento. y hoy, además de su labor diplomática, impulsa una nueva iniciativa empresarial vinculada con casas prefabricadas provenientes de China, un sistema constructivo que considera una alternativa viable frente al déficit de vivienda que enfrenta Baja California.

El proyecto busca introducir modelos habitacionales industrializados capaces de construirse con mayor rapidez y con costos más accesibles para trabajadores y familias que necesitan soluciones habitacionales inmediatas.

Después de casi medio siglo en esta región, Al Chu observa la frontera con la serenidad de quien ha visto transformarse el mundo varias veces. 

Al Chu llegó a esta región como migrante hace casi cincuenta años. y hoy habla de Tijuana con una convicción que no se improvisa. “Mis hijos y mis nietos son de Tijuana”, dice.

Y en esa frase, pronunciada con calma y sin ninguna intención retórica, se revela algo que ningún cargo diplomático ni ninguna cifra empresarial podría explicar con mayor claridad: que la historia de este hombre nacido al otro lado del Pacífico terminó entrelazándose con la historia de una ciudad fronteriza que, como él mismo, aprendió a crecer mirando hacia el mundo.

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