Eduardo Verástegui llegó a Tijuana en las instalaciones de Canaco con la serenidad de quien ha vivido varias vidas. Frente a empresarios y ciudadanos, narró cómo un niño que vendía limones y naranjas en el patio de sus abuelos terminó convertido en actor de telenovelas, cantante en escenarios internacionales y, más tarde, productor de cine con causa.

Recordó sus días en Soñadoras, junto a Aracely Arámbula, y su paso por el grupo Kairo, cuando la fama lo envolvía en viajes, aplausos y excesos. “Yo me sentía la última coca del desierto”, confesó, describiendo la ilusión de poder y dinero que pronto se reveló como un vacío disfrazado de éxito.

Ese vacío lo llevó a replantearse su rumbo. Una profesora de inglés, con preguntas simples pero profundas, lo hizo mirar hacia adentro. Desde entonces, Verástegui decidió que su arte debía tener propósito. Así nacieron películas como Bella, Little Boy y Sound of Freedom, esta última convertida en un estandarte contra la trata infantil. “Hollywood no creyó en nosotros, pero la gente sí”, dijo con firmeza.

En su charla, también habló de política. Reconoció su cercanía con Donald Trump, a quien considera un aliado en la defensa de la vida. “Podrá tener errores, pero el darle un sí a la vida lo apoyo”, expresó, dejando claro que su postura no es partidista, sino moral. Para Verástegui, la lucha contra el aborto y la explotación infantil trasciende ideologías y fronteras.

Aunque aclara que no busca ser político, sí se asume como un activista desde su trinchera, el cine. “Todos podemos cambiar el mundo desde donde estamos. Tú como periodista, yo como productor. No necesitamos permiso del gobierno para inspirar y transformar”, reflexionó.

Hoy, mientras trabaja en la segunda versión de Sound of Freedom, Eduardo Verástegui se muestra como un hombre que dejó atrás el brillo efímero de la fama para abrazar una misión más profunda, contar historias que incomoden, que despierten y que, sobre todo, defiendan la vida del camino acompañado de la Fe con Dios.

Una vez finalizada la plática, el productor y actor, perpetuó sus manos en el paseo de la fama de Canaco en el que los asistentes aprovecharon también para tomarse fotografías con él.






Fotos: Javier Alejandro

















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