El acuerdo ha sido un motor clave del nearshoring, atrayendo inversiones hacia México y la frontera norte. En 2025, el país captó 40.9 mil millones de dólares en inversión extranjera directa, mientras que Baja California concentró 4 mil millones de dólares, posicionándose como un nodo estratégico para industrias de alto valor agregado.
Más que una línea divisoria, la frontera entre California y Baja California se ha consolidado como un espacio de integración económica profunda. En ese entramado, el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) opera como un andamiaje que sostiene cadenas productivas, empleo regional y flujos de inversión que trascienden lo estrictamente comercial.
Desde esta perspectiva regional, el Dr. Ismael Plascencia López, académico de la Escuela de Administración y Negocios de CETYS Universidad, expuso que el T-MEC se ha convertido en el principal motor de integración económica de América del Norte, con efectos particularmente visibles en los corredores fronterizos.

Su análisis fue presentado de manera presencial en Chula Vista, California, durante el foro “USMCA: Will California’s Economy Survive or Thrive Under a Strong Trade Agreement with Mexico?”, realizado en el Chula Vista City Hall, a convocatoria del David Alvarez.
El encuentro reunió a especialistas en comercio internacional, asuntos binacionales e integración económica entre California y México. En ese espacio, Plascencia participó en el bloque de análisis general del T-MEC, abordando su evolución, sus resultados actuales y los escenarios que se abren para la región Cali-Baja, una de las más expuestas —y beneficiadas— por el acuerdo.
Los datos macroeconómicos respaldan esta lectura regional. En los primeros diez meses de 2025, México registró importaciones por 550 mil millones de dólares, mientras que las exportaciones crecieron 14.2% tan solo en octubre. Estas cifras consolidaron un superávit comercial que fortalece la posición del país dentro de América del Norte y que se traduce, en la práctica, en mayor actividad industrial y logística en la franja fronteriza.
En Cali-Baja, el impacto del T-MEC se mide también en empleo. Se estima que alrededor de 95 mil puestos de trabajo locales dependen directamente del tratado, particularmente en sectores estratégicos como el manufacturero y el automotriz. La integración de cadenas de suministro permite que ambos lados de la frontera cubran brechas productivas, compartan procesos y mantengan competitividad frente a otros bloques económicos globales.
El sector automotriz ocupa un lugar central en este ecosistema. Las disposiciones del T-MEC que exigen que al menos 70% del acero y el aluminio utilizados provengan de América del Norte han fortalecido clústeres industriales en Baja California. En esta región, empresas como Toyota, Ford, General Motors y Hyundai integran innovación local con estándares laborales y ambientales más altos, reforzando un modelo manufacturero más equilibrado y regionalizado.
A ello se suma el fenómeno del nearshoring, que ha encontrado en Cali-Baja un terreno fértil. En 2025, México captó 40.9 mil millones de dólares en inversión extranjera directa, mientras que Baja California concentró cerca de 4 mil millones de dólares. Esta dinámica posiciona a la región como un nodo estratégico para industrias de alto valor agregado que buscan cercanía con el mercado estadounidense, certidumbre comercial y eficiencia logística.
Desde la óptica regional, el futuro del T-MEC no depende únicamente de la estabilidad del tratado en sí, sino de las condiciones que se construyan alrededor de él. Plascencia subrayó la necesidad de invertir en capital humano, fortalecer programas educativos binacionales y mantener estabilidad arancelaria, factores clave para regiones fronterizas donde la colaboración entre ambos países define el crecimiento económico y social.
El foro fue organizado por el Assembly Select Committee on California-Mexico Bi-National Affairs y el Committee on Economic Development, Growth & Household Impact del Estado de California. El programa incluyó mensajes de apertura de legisladores estatales y paneles de análisis sobre las implicaciones del T-MEC para California y México, con la participación de representantes gubernamentales, cámaras empresariales y especialistas en comercio internacional.
Visto desde Cali-Baja, el T-MEC deja de ser un tratado abstracto para convertirse en una realidad cotidiana: empleo, inversión, industria y educación que operan bajo una lógica binacional. En esa región, más que sobrevivir al acuerdo, la economía fronteriza se ha redefinido a partir de él.

















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