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Gentrificación en Tijuana, ¿realidad o mito?

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Por: Dr. Karim Chalita Rodríguez, presidente del Comité de Turismo y Convenciones de Tijuana.

Bastante se habla del fenómeno de la gentrificación en Tijuana, sobre si está ocurriendo o si aún estamos lejos de que suceda. Para que el lector pueda comprender mejor el tema, iniciaremos por definir qué significa la gentrificación de una ciudad. El Diccionario de la Lengua Española la describe como un “proceso de renovación de una zona urbana, generalmente popular o deteriorada, que implica el desplazamiento de su población original por parte de otra de mayor poder adquisitivo”.

Dicho de otra forma, ocurre cuando una zona presenta un declive urbano, que puede ser consecuencia del deterioro de la infraestructura: edificios sin mantenimiento, calles en mal estado con baches, banquetas rotas, servicios públicos deficientes, inseguridad, y una economía debilitada por el cierre de negocios. 

Todo esto provoca que los habitantes con mayor poder adquisitivo decidan emigrar a lugares que cumplan mejor sus expectativas, generando una falta de inversión en la zona. Esta sería la primera fase en el camino hacia la gentrificación.

En una segunda fase, al bajar los precios por el continuo deterioro del área, esta se vuelve atractiva para inversionistas que buscan adquirir inmuebles baratos para transformarlos mediante nuevas construcciones. Al mismo tiempo, nuevos comercios comienzan a abrir, dando vida nuevamente a la zona. 

Sin embargo, en la mayoría de los casos estos cambios y negocios no corresponden a las costumbres ni a las necesidades de la población original. Muchas veces, además, estos procesos se ven impulsados por políticas públicas que incentivan la inversión.

A medida que aumenta el valor de estas zonas, tanto la vivienda como los locales comerciales elevan sus precios, lo que los vuelve inaccesibles para la mayoría de la población, obligándola a mudarse a lugares más económicos donde pueda subsistir.

Recordemos que nuestra ciudad es una de las más transitadas. La línea internacional entre Tijuana y el estado de California registra un gran número de cruces fronterizos diarios. La relación cultural y económica entre ambas regiones ha existido desde hace décadas. Sin embargo, en los últimos años ha incrementado el número de ciudadanos estadounidenses que, debido al alto costo de la vivienda, han decidido mudarse a nuestra ciudad, regresando a trabajar diariamente a los Estados Unidos. Esto es especialmente atractivo para los desarrolladores inmobiliarios, quienes han construido un gran número de edificios verticales para atender a este tipo de población.

Por otro lado, Tijuana es una ciudad multicultural, donde cientos de miles de personas del interior de la República han apostado por establecerse. Esta mezcla de acervos culturales provoca cambios naturales en la ciudad. Un buen ejemplo de ello es nuestra gastronomía de fusión, en la que los platillos integran ingredientes tanto locales como foráneos, haciéndolos especialmente exquisitos. Lo mismo ocurre con elementos culturales como los bailables típicos, las fechas conmemorativas, los desfiles o la música, por mencionar algunos.

Otro factor importante es el cambio generacional. Las nuevas generaciones, a través de sus emprendimientos, tienen gustos diferentes a los de generaciones pasadas; por ello surgen negocios enfocados específicamente en sus intereses.

Considerando todo lo anterior, hablar de gentrificación en Tijuana en los mismos términos que en ciudades como Madrid, Roma o París aún nos queda distante. Si bien existen algunos indicios en zonas como la avenida Revolución, la Colonia Cacho, la Colonia Hipódromo y la Zona Río, considero que todavía falta un largo tramo para afirmar que Tijuana está gentrificada.

No debemos confundir el mejoramiento de la infraestructura, la llegada de nuevos inversionistas o el impulso de emprendedores locales —cuyo público objetivo suele ser la misma comunidad tijuanense— con la gentrificación. Tampoco debemos confundirla con la turistificación, que ocurre cuando una zona se transforma exclusivamente para atender al turista que sólo permanece unos días.

Para afirmar que nos hemos gentrificado, deberíamos observar áreas completamente redefinidas, con un perfil demográfico distinto, una urbanización orientada a las preferencias de nuevos residentes y una transformación clara de los comercios y servicios para satisfacer sus necesidades.

Aun con los cambios que se han dado en nuestra ciudad, si algo permanece es la conservación de nuestras tradiciones y el orgullo de vivir en Tijuana.

Estimado lector, ¿usted qué opina?

Gratitud…gracias por permitir servirles

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