Hace unos días tuve la oportunidad de viajar a Canadá y representar a México en Calgary, Alberta, como presidente de la Asociación Nacional de Egresados del CONALEP (ANEC).
La misión fue clara, al buscar promover la educación técnica nacional y tender puentes de colaboración con líderes empresariales, académicos y comunitarios.
Ahí, en el Southern Alberta Institute of Technology (SAIT), una de las instituciones técnicas más reconocidas de Canadá, entre estudiantes, empresarios y profesionales valerosos, flanqueado por las paredes de un edificio histórico, impartí la conferencia “El Sueño Mexicano: ¡Sí se puede!”.

Lo que me llevé de aquella experiencia fue más que una agenda cumplida, fue la certeza de que ser mexicano es un privilegio, aunque también una responsabilidad.
Afuera de nuestras fronteras, uno se da cuenta de que los símbolos, los sabores, los acentos y los valores de México se vuelven aún más intensos. Cuando estamos lejos de casa, nos invade el orgullo y comprendemos mejor la dimensión de lo que significa ser parte de este país.
Además de las reflexiones personales, esta experiencia abrió espacios de diálogo con distintos líderes de Alberta, y me permitió dialogar con Craig Hess, director de Desarrollo de Negocios de SAIT, con quien compartí visiones sobre la importancia de la educación técnica.
Todos estos encuentros fueron posibles gracias a la coordinación de Daniel Schow, representante de la firma One Persuasion y gran amigo de México.
Asimismo, tuve la oportunidad de reunirme con Joseph Schow, ministro de Economía, Comercio e Inmigración de Alberta; Brian Jean, MLA por Fort McMurray–Lac La Biche y ministro de Energía y Minerales; y Mike Ellis, MLA y ministro de Seguridad Pública y Servicios de Emergencia en la Oficina del Viceprimer Ministro. Todas estas conversaciones confirmaron que la cooperación internacional es clave para abrir oportunidades y fortalecer vínculos de largo plazo.
Pero lo más valioso es entender que este sentimiento no es simple nostalgia, es también un llamado a la acción. Porque entender lo que somos nos obliga a preguntarnos qué aportamos, cómo representamos a México en cada espacio que pisamos y qué dejamos en quienes nos rodean. La identidad se ejerce con responsabilidad y se traduce en acciones concretas que fortalecen el país desde dentro y desde fuera.
Por eso, en cada conferencia, en cada encuentro con estudiantes o empresarios, insisto en que el Sueño Mexicano no es un discurso vacío, sino una tarea compartida. Y es ahí donde la educación técnica, el emprendimiento y el compromiso empresarial se convierten en herramientas tangibles para demostrar que sí se puede transformar realidades.
México es un país que nunca deja indiferente a nadie. Que nuestra historia, nuestra cultura, nuestro arte y nuestra fuerza de trabajo son reconocidos en todo el mundo.
La UNESCO recuerda que México es el país con más bienes culturales inmateriales inscritos en su lista, desde la gastronomía hasta las fiestas tradicionales.
Por ello, al recorrer Canadá, me encontré con compatriotas que construyen desde la trinchera cotidiana, profesionistas que trabajan en universidades, jóvenes que estudian con becas, familias que levantan pequeños negocios.
Ellos me dijeron, casi en un mismo tono: “Aquí valoramos más lo que somos, lo que hemos aprendido y lo que nos costó llegar”.
Precisamente ese orgullo es el motor del Sueño Mexicano, un concepto que no se trata de migrar para alcanzar sueños ajenos, sino de transformar nuestras realidades, dentro y fuera del país, con lo que somos capaces de hacer.
Eduardo Galeano escribió que “La identidad no es una pieza de museo, sino la siempre asombrosa síntesis de la historia, de la tradición y de la invención”.
Y esa frase resuena con fuerza hoy, porque somos una nación de tradiciones milenarias, pero también de jóvenes con ideas frescas y ganas de innovar.
En mi conferencia en Calgary, insistí en un punto que considero fundamental, en el que la educación técnica es transformadora.
En México, el Sistema CONALEP ha formado a más de 5 millones de egresados desde su fundación en 1978. Hoy, con presencia en los 32 estados, es un pilar para sectores estratégicos como la manufactura avanzada, la industria automotriz, los dispositivos médicos o la energía.
En Baja California, por ejemplo, más del 55% de las exportaciones manufactureras provienen de la industria de dispositivos médicos. Una buena parte de la mano de obra técnica que sostiene ese liderazgo está formada en planteles del CONALEP. Y no hablamos únicamente de operarios, hablamos de técnicos especializados que hoy dirigen líneas de producción, emprenden negocios propios o migran a puestos de gestión en empresas globales.
Ése es el verdadero Sueño Mexicano: demostrar que con educación, disciplina y visión, sí se puede transformar la vida propia y la de nuestras comunidades.
Sin embargo, no basta con que los jóvenes egresen con diplomas y sueños. Como empresarios, tenemos un papel crucial, de inspirar, capacitar y vincular a los jóvenes con oportunidades reales de desarrollo profesional.
Henry Ford solía decir: “Reunirse es un comienzo; mantenerse juntos es un progreso; trabajar juntos es el éxito”. Y esa frase resume lo que urge en México… colaboración entre instituciones educativas, gobierno y sector privado para convertir el talento en prosperidad.
La educación, la empresa, la familia y la comunidad son los cuatro pilares con los que vamos levantando día a día el México que soñamos.
Como ciudadanos, cada acción suma. Desde el maestro que inspira a un alumno a no rendirse, el empresario que contrata sin prejuicios, la madre que lucha por dar educación a sus hijos, el joven que decide emprender en vez de migrar sin rumbo.
Hoy más que nunca, en el mes en que celebramos nuestra Independencia, debemos mirarnos hacia dentro.
Ser mexicano no es sólo portar una bandera o cantar un himno, es entender que tenemos deberes y responsabilidades con nuestra tierra. Significa trabajar con disciplina y romper ciclos de desigualdad.
Y sí, en Canadá confirmé que cuando uno está fuera de su país, el himno se escucha más fuerte, los colores saben más intensos, los recuerdos se vuelven más valiosos.
Afuera, uno entiende que cada esfuerzo individual es parte de un esfuerzo colectivo que nos da identidad.
México se construye cuando un empresario abre una puerta, cuando un técnico comparte su conocimiento, cuando un joven se atreve a soñar.
Porque al final, ser mexicano es un camino que nos toca escribir cada día, con orgullo, con disciplina y con esperanza, sabiendo que los sueños, ¡sí se pueden!
















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