El presidente de Estados Unidos reúne a los gigantes tecnológicos para asegurar inversiones en inteligencia artificial; destacó la ausencia de Elon Musk, públicamente enemistado con Trump desde hace algunos meses.
La Casa Blanca fue escenario de un encuentro sin precedentes entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y los principales líderes de las llamadas big tech.
La cita tuvo como eje central la inteligencia artificial, la seguridad energética y la política arancelaria en un contexto marcado por la competencia global con China.
En la reunión participaron Tim Cook (Apple), Mark Zuckerberg (Meta), Sundar Pichai y Sergey Brin (Alphabet/Google), Sam Altman (OpenAI), Satya Nadella y Bill Gates (Microsoft), Safra Catz (Oracle) y Lisa Su (AMD).






Acompañado por la primera dama Melania Trump, el presidente instó a los directivos a reforzar sus inversiones en territorio estadounidense, con promesas de incentivos fiscales y alivio regulatorio.
La agenda se centró en tres puntos: el fortalecimiento de la infraestructura de centros de datos para IA, la reducción de la dependencia de proveedores extranjeros y la gestión de la demanda energética que exige el crecimiento del sector.
Durante la cena, Zuckerberg anunció que Meta destinará hasta 600 mil millones de dólares en proyectos locales hacia 2028, incluyendo un centro de datos en Luisiana con un valor de 50 mil millones. Trump celebró públicamente la cifra y aseguró que aquellas empresas que prioricen la producción nacional quedarán exentas de nuevos aranceles.
Tim Cook confirmó que Apple sumará 100 mil millones de dólares adicionales a su plan de expansión en Estados Unidos, alcanzando un total de 600 mil millones. La medida busca proteger a la compañía ante la inminente imposición de aranceles sobre semiconductores importados.
Uno de los temas más delicados de la noche fueron los aranceles que la administración Trump pretende imponer a componentes tecnológicos estratégicos. El presidente reiteró su intención de fijar tarifas de hasta 100% sobre semiconductores, salvo para aquellas compañías que consoliden su producción dentro del país.
Analistas interpretan esta política como un esfuerzo por blindar a la economía estadounidense frente a la presión tecnológica de China y la volatilidad de las cadenas de suministro globales. Silicon Valley, pese a sus diferencias con el actual gobierno, se mantiene como pieza clave en la transición tecnológica nacional.
El encuentro mostró tanto las coincidencias como las tensiones entre la Casa Blanca y los gigantes tecnológicos. Mientras Trump busca apoyos en un año electoral crucial, los ejecutivos procuran asegurar condiciones estables para mantener su liderazgo en innovación.
La reunión, más allá de las cifras y anuncios, dejó en claro que la inteligencia artificial será uno de los campos de batalla centrales en la competencia geopolítica del próximo lustro.

















Comments