Bajo el sol de la mañana y entre cantos, oraciones y silencio contemplativo, la Catedral Metropolitana de Tijuana se convirtió este viernes en el corazón espiritual de la ciudad, al reunir a cientos de fieles en la representación del tradicional Viacrucis.
Desde el atrio, el recorrido inició como un acto colectivo de fe que atravesó algunas de las vialidades más emblemáticas: Paseo del Centenario, la glorieta Miguel Hidalgo, el bulevar Independencia, la glorieta Las Tijeras y Paseo de los Héroes, hasta rodear la glorieta Cuauhtémoc y regresar nuevamente a la Catedral. Un trayecto que, más allá de lo físico, simbolizó el caminar interior de cada participante.
Con una representación viva que involucró a más de un centenar de personas ,entre actores, organizadores y voluntarios, la escenificación revivió los últimos momentos de Jesús, desde su juicio hasta su camino hacia la cruz, en un ejercicio que combinó devoción, arte y comunidad.
El rector de la Catedral, el padre Jesús Cárdenas Núñez, destacó que este acto tiene un significado profundo para los creyentes, al permitir acompañar espiritualmente el sufrimiento de Cristo, pero también invitar a una reflexión personal. “El Viacrucis nos impulsa a mirar hacia nuestro interior, a cuestionarnos qué debemos transformar en nuestras vidas, siempre contemplando aquel que dio su vida por nosotros”, expresó.
Subrayó además que esta representación, que desde hace cuatro años se realiza en las calles, ha requerido meses de preparación, consolidándose como un espacio de encuentro para la comunidad católica de la ciudad.
En un contexto social complejo, el mensaje también se volvió colectivo. Tijuana —una ciudad que, como señaló el rector, se caracteriza por su nobleza y generosidad, pero que enfrenta desafíos como la violencia y el dolor de muchas familias— encuentra en este tipo de expresiones un momento de pausa, reflexión y esperanza.

















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