En un giro irónico para la economía mexicana, el regreso del fenómeno del “superpeso” a inicios de 2026 ha abierto un debate profundo entre analistas. Mientras que los defensores de la administración local atribuyen la fortaleza de la moneda a la solidez interna, la realidad apunta a una dirección distinta: las políticas y la retórica de Donald Trump podrían ser, paradójicamente, el principal motor de esta apreciación.
El factor externo: Un dólar debilitado
El análisis central, destacado por expertos como Enrique Quintana, de El Financiero, sugiere que el peso no está ganando terreno por méritos propios exclusivamente, sino porque el dólar estadounidense está perdiendo fuerza a nivel global. Durante el último año, la divisa estadounidense ha mostrado una tendencia a la baja frente a diversas monedas, y en el caso del peso mexicano, la caída del dólar ha sido de hasta un 16%.
¿Cómo ayuda Trump al peso?
Aunque parezca contradictorio, las acciones del presidente estadounidense han generado un entorno que favorece a la moneda mexicana por tres razones principales:
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Retórica y conflictos internacionales: Las amenazas de aranceles (como el reciente amago de un 50% a importaciones canadienses) y las tensiones diplomáticas (incluyendo su retórica sobre Groenlandia) han inyectado volatilidad al dólar, restándole su atractivo tradicional como “refugio seguro”.
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Presión sobre la Reserva Federal (Fed): Las críticas constantes de Trump hacia la independencia de la Fed y sus nominaciones de perfiles leales (como el caso de Kevin Warsh) han generado incertidumbre sobre la política monetaria de EE. UU., lo que debilita al billete verde.
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Diferencial de tasas: Mientras el dólar sufre por la incertidumbre política, México mantiene tasas de interés atractivas (rendimientos cercanos al 9% en bonos a 10 años frente al 4% en EE. UU.), lo que incentiva la llegada de capitales que buscan mejores retornos.
Los riesgos de una moneda “demasiado” fuerte
A pesar del optimismo que genera ver el tipo de cambio en niveles de 17.20 a 17.50 unidades, los analistas advierten que esta racha es un “festejo con sombrero ajeno”.
El peso fuerte es un arma de doble filo:
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Exportadores en aprietos: Las empresas mexicanas reciben menos pesos por cada dólar vendido, lo que resta competitividad.
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Costo macroeconómico: Intentar revertir esta tendencia de manera artificial (bajando tasas bruscamente) podría tener costos económicos muy altos para la estabilidad del país.
El balance de enero de 2026 deja al peso con una ganancia acumulada de casi 60 centavos. Sin embargo, esta “buena racha” depende de fuerzas externas sobre las que México tiene poco control. En este escenario, la moneda mexicana se ha convertido en un termómetro de la desconfianza global hacia la estabilidad de las políticas económicas de la Casa Blanca, demostrando que, a veces, el mayor enemigo del dólar termina siendo su propio presidente.
















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