La cuenta regresiva del T-MEC y las necesidades de Baja California
La cuenta regresiva ya comenzó para la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), que será a partir del 1 de julio de 2026, conforme al artículo 34.7 del propio acuerdo, mismo que plantea un “examen conjunto” cada seis años.
Es importante puntualizar que no se tratará solamente de un trámite técnico ni de un ejercicio diplomático, y, por el contrario, ésta será una negociación que puede cimbrar el mapa industrial de México y, de manera muy particular, de Baja California.
Como lo sabemos, aquí, en la frontera el resultado de esa revisión puede marcar la diferencia entre consolidar un salto de desarrollo o quedar rezagados en la nueva redistribución económica de Norteamérica.
Para dimensionar lo que está en juego, basta mirar las cifras. En 2024, las exportaciones de Baja California alcanzaron los 60 mil 558 millones de dólares, un crecimiento de más del 3% respecto al año anterior.
Entre los bienes más representativos figuran monitores y proyectores, instrumentos médico-científicos y vehículos de motor para transporte de mercancías. Durante el primer semestre de 2025, las exportaciones de la industria maquiladora crecieron un 28.3 % anual, pese a la desaceleración global y las tensiones logísticas internacionales.
Los números confirman que el Estado no sólo participa en el T-MEC, sino que es una de sus bisagras operativas.
Así que la revisión de 2026 pondrá a prueba tres ejes esenciales. El primero: las reglas de origen y los estándares laborales. Si los términos se endurecen, como presionan algunos sectores estadounidenses, muchas líneas de producción deberán reconfigurarse. Eso encarecería los costos y reduciría la competitividad de cientos de plantas instaladas en Tijuana, Mexicali y Tecate.
El segundo: la logística y la facilitación aduanera. Y es que al ser una región que depende del cruce diario de componentes y mercancías, cualquier cambio en inspecciones, tiempos de despacho o certificaciones repercute directamente en la productividad.
Y el tercero: la certidumbre jurídica. Si la revisión termina por acotar la vigencia del tratado o condicionarlo a revisiones anuales, el golpe sería inmediato en inversiones, financiamiento y confianza empresarial.
Así que para Baja California, el T-MEC no es una abstracción, y se convierte en el marco que sostiene su modelo económico.
Como su mejor ejemplo, la llamada “Megaregión CALI-BAJA”, integrada por Tijuana, Mexicali, Ensenada y el sur de California, se ha convertido en una plataforma de manufactura avanzada en sectores como dispositivos médicos, electrónica, movilidad eléctrica y aeroespacial.
Más de 1,200 empresas IMMEX operan aquí, generando alrededor de 400 mil empleos directos. Cada turno de trabajo, cada cruce por Otay Mesa o Tecate, es una muestra viva de la interdependencia regional que el tratado consagró.
Si el T-MEC sale fortalecido, Baja California puede afianzarse como uno de los grandes polos industriales de América del Norte. Pero si la renegociación introduce incertidumbre o endurece las reglas, la competencia de otros países, especialmente los del Sudeste Asiático, podría erosionar su ventaja.
Y la frontera no puede depender del azar político… por el contrario, necesita certidumbre, infraestructura moderna y una política energética que acompañe la atracción de inversiones.
Por eso, el sector privado local ya levanta la voz. Organismos como DEITAC e Index Zona Costa BC han insistido en alinear agendas con San Diego para consolidar la megaregión como destino de nearshoring, diversificar la proveeduría y fortalecer la capacitación técnica.
Según sus estimaciones, los proyectos de inversión activos superan los 1,500 millones de dólares, con nuevos parques industriales, naves en construcción y desarrollos tecnológicos que sólo se sostendrán si la revisión del tratado ofrece horizonte y reglas claras.
Pero aquí uno de los puntos más importantes ¿Qué debería tener Baja California a favor en esa mesa?
Primero, la extensión plena del acuerdo por 16 años, que brinde seguridad a los inversionistas y evite el riesgo de incertidumbre anual.
Segundo, reglas de origen realistas, que impulsen contenido regional sin ahogar a las pymes locales.
Tercero, capítulos específicos sobre facilitación fronteriza, con inspecciones conjuntas, ventanillas únicas y carriles exprés para empresas certificadas.
Y cuarto, defensa activa del ecosistema IMMEX, que ha sido el motor de la generación de empleo y desarrollo en el noroeste del país.
Faltan algunos meses, sí, pero la renegociación del T-MEC será, inevitablemente, un termómetro político, económico, y una cuestión de supervivencia productiva, porque cada contenedor que cruza la frontera, cada sensor médico o chip que se ensambla en una nave industrial, depende de la estabilidad de ese tratado.
Mundial 2026, y Tijuana como escenario

El Mundial 2026 es más que una fiesta deportiva, y se convertirá en el evento más visto del planeta, siendo escaparate donde se mezclarán negocios, turismo, infraestructura y proyección internacional.
México compartirá el honor de ser anfitrión junto con Estados Unidos y Canadá, con 48 selecciones, 104 partidos y millones de ojos puestos sobre el continente.
En nuestro país, el Estadio Azteca volverá a ser protagonista, y Monterrey y Guadalajara vivirán sus propias historias como sedes.
Pero esta vez hay una pieza en el Norte del mapa: Tijuana, que formará parte activa de la Copa del Mundo.
Sí, Baja California fue elegida como sede para convertirse en un centro de entrenamiento para una selección nacional, teniendo como fin que las prácticas se lleven a cabo en las instalaciones del Club Tijuana Xoloitzcuintles, complejo deportivo de primer nivel que ha sido referencia en el futbol mexicano por su infraestructura moderna, su afición apasionada y su capacidad logística.
Que la FIFA haya seleccionado este espacio como base de operaciones no es casualidad, y más que las instalaciones de Xolos, se reconoce a Tijuana como una ciudad capaz de recibir al mundo con profesionalismo, hospitalidad y visión internacional.
Así que ya podremos presumir de que Baja California no se conformará con ser espectadora de la justa.
Empresarios, hoteleros, chefs y desarrolladores ya trabajan en elevar estándares de calidad y preparar la infraestructura necesaria. Las cámaras y organimos, ven en este momento una oportunidad histórica para mostrar el verdadero rostro económico y humano de la frontera.
Y los datos económicos explican por qué todos quisieran “jugar este partido”.
De acuerdo con estimaciones de la Secretaría de Turismo y organismos internacionales, el Mundial dejará a México una derrama cercana a los 3 mil millones de dólares, con más de 5 millones de visitantes directos e indirectos.
Es la mayor oportunidad de reactivación turística y de imagen internacional en una década. Cada vuelo, cada hotel, cada traslado genera empleo, movimiento y consumo.
Uber ya recibió luz verde para operar en los aeropuertos del país, marcando un antes y un después en la movilidad nacional. La plataforma aprovechará la demanda que traerán los visitantes y periodistas que llegarán por miles; una señal clara de cómo el Mundial está reconfigurando los servicios y la economía mexicana mucho antes del primer silbatazo.
Y en lo que compete a nuestra ciudad, también podremos presumir de ser parte directa de esta fiesta, porque esta frontera, que ha aprendido a reinventarse una y otra vez, una selección vivirá y entrenará aquí durante el torneo, lo que significa semanas de exposición mediática, visitantes internacionales, prensa deportiva, equipos técnicos y patrocinadores recorriendo la región.
Los hoteles, restaurantes, servicios médicos, comercios y transportistas verán un impulso que no se repetía desde hace décadas.
Todos quisiéramos que fuera una selección de primer nivel, como Brasil, Alemania, Inglaterra o Argentina, pero de antemano, y por los sorteos, sabemos que estas selecciones, por ser cabeza de serie, estarán alojadas en ciudades donde están los estadios en que jugarán.
Así que sea la nación quien sea, Tijuana sabrá recibirla con la misma hospitalidad y orgullo que la han caracterizado.
Por lo pronto, el Mundial ofrecerá un reflector global que pocas ciudades mexicanas tendrán, y habrá cámaras, transmisiones, reportajes y miles de historias que mostrarán la “nueva cara de Tijuana”, esa que a través de su silueta vertical demuestra ser una metrópoli dinámica, diversa y símbolo de la colaboración entre México y Estados Unidos.
















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