La apuesta integral por Tijuana
Por la forma en que Tijuana ha crecido, algunas veces improvisada, no es raro que anteriormente las urgencias sociales terminaran imponiéndose sobre la planeación.
Por eso, presentar un plan de seguridad con visión de largo plazo ya representa, en sí mismo, un gesto político que rompe con la inercia.
Pero hacerlo desde la comunión entre gobierno, iniciativa privada y comunidad organizada, es una señal de madurez institucional.
El programa “Tijuana Segura” que encabeza el alcalde Ismael Burgueño Ruiz parte de una premisa que resulta casi subversiva en el contexto nacional, en el que la seguridad no se construye desde la imposición, sino desde la justicia, la dignidad y la participación.
Y es que no se trata únicamente de desplegar patrullas o instalar cámaras, sino de recomponer el tejido social desde sus cimientos.
Con un presupuesto histórico de más de mil 970 millones de pesos para 2025, el municipio duplicó la inversión en seguridad.
El mensaje del alcalde fue directo: “Vamos con todo en materia de seguridad. Nadie se mete con los tijuanenses, ¡nadie! ¡Seguridad para todas y todos!”, frase que proyecta el principal objetivo de su administración, que busca enfrentar estratégicamente uno de los desafíos más persistentes de la ciudad.
Para lograrlo, a las acciones se suman 431 patrullas con videograbación integrada, y la red de videovigilancia se ampliará a 6,366 cámaras en mil 506 puntos antes de que finalice el año.
Pero más allá de los números, lo que distingue a este plan es su arquitectura integral.
El programa no se diseñó desde la torre de mando, sino desde el territorio. Se construyó con base en diagnósticos específicos de los 14 distritos policiales y las siete secciones municipales, incorporando las voces de quienes viven la inseguridad de primera mano, como lo son madres de familia, comerciantes, jóvenes, líderes vecinales y policías de a pie.
Se trata de una estrategia sustentada en 10 ejes fundamentales, como lo son la proximidad social, profesionalización policial, coordinación interinstitucional, patrullaje, prevención ciudadana, tecnología e inteligencia, justicia cívica, participación comunitaria, cultura de legalidad y equidad de género.
Todo esto enfocado en cinco objetivos concretos, partiendo de garantizar la seguridad de quienes habitan y transitan en el municipio. Fortalecer la confianza ciudadana en la Policía Municipal. Optimizar el desempeño y los recursos policiales. Prevenir y atender las causas estructurales de la violencia, especialmente en grupos vulnerables, y, por último, consolidar una policía profesional, capacitada y eficaz.
El plan contempla también la integración de unidades especializadas como la Policía Cibernética y la Célula de Búsqueda, y suma a Tijuana al programa estatal Escuadrón Violeta, en coordinación con el gobierno de Baja California, para atender la violencia de género con protocolos diferenciados.
La toma de protesta a 183 Comités Ciudadanos de Seguridad confirma el componente medular del programa: que nadie se salva solo. Que la seguridad es una empresa colectiva y que la vigilancia es más efectiva cuando viene acompañada de participación social y cultura de legalidad.
En ese mismo tono se expresó el Consejo Consultivo Empresarial, cuyo coordinador, Carlos Jaramillo, resumió en una frase el nuevo consenso: “No venimos a exigir sin involucrarnos; estamos aquí para colaborar”.
Y ese mensaje no es menor: rompe con el viejo paradigma de exigencia unidireccional y plantea un modelo de corresponsabilidad institucional.
Tijuana no es una ciudad sencilla. Es, quizás, el laboratorio más extremo del país en materia de movilidad, migración, desigualdad y violencia.
Pero también es, por momentos, un territorio donde se ensayan respuestas audaces. “Tijuana Segura” no es una promesa de solución inmediata, sino una apuesta por construir las condiciones para que la seguridad sea posible.
La transformación que hoy se plantea no vendrá por decreto. Vendrá cuando la vigilancia tecnológica se combine con justicia cívica; cuando el patrullaje se entienda como proximidad y no como amenaza; y cuando cada colonia tenga claro que la seguridad no empieza con una sirena, sino con una comunidad que se cuida entre sí.
Ahí está el reto. Pero también, por primera vez en mucho tiempo, una hoja de ruta posible.




















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