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Paola Téllez, el arte de planear momentos irrepetibles

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Detrás de cada celebración impecable existe una mente ordenada, capaz de convertir presión en armonía y segundos en memoria. La de Paola Téllez  es la historia de una mujer que, a través de disciplina, intuición y carácter, construyó una trayectoria propia en el mundo de los eventos más exigentes.

Hay personas que llegan al mundo como si el destino hubiese escondido en su bolsillo un mapa secreto, en quienes nada está escrito, pero todo parece inevitable. 

Y en ellas, pareciera existir una delgada línea de tiempo, una coreografía invisible, donde cada segundo es una pieza de dominó.

Justo en ese filo respira una profesión que no se improvisa, y que reside en el arte de planear lo irrepetible, de perfeccionar los minutos antes de que sucedan, de sostener el vértigo mientras los demás celebran.

Decía Milan Kundera que “la belleza está en el instante, porque es frágil”.  Precisamente en el universo de los eventos, la fragilidad no es una debilidad, sino el material con el que se construye lo memorable. 

Una mirada, un baile de novios, una entrada triunfal, un escenario que aparece exacto como fue soñado… donde la belleza no dura, pero el recuerdo sí. 

Es allí donde algunos trabajan entre la adrenalina y la eternidad.

Quien no ha entrado a ese universo cree que se trata de flores, manteles y luces.

Quien ha cruzado el umbral sabe que se trata de psicología, estrategia, liderazgo y una obsesión precisa por el tiempo.

En CAMPESTRE creemos que la grandeza aparece cuando alguien decide tomar la responsabilidad del instante, no del pasado ni del futuro, sino de ese segundo preciso que define la historia de una familia, de una empresa, de dos personas que se miran y se prometen.

Porque mientras hay profesiones que construyen edificios, hay las que construyen recuerdos. Y cuando la excelencia se transforma en carácter, cuando el liderazgo se vuelve estilo de vida, cuando la disciplina encuentra su vocación, no estamos hablando de un oficio: estamos hablando de una persona.

Todo eso nos lleva a que aquí, sea donde comienza nuestro encuentro con Paola Téllez, event y wedding planner, quien se define como creativa y aferrada a los sueños.

La esencia

Llega a las oficinas de CAMPESTRE irradiando una sonrisa, con la elegancia de su mirada que contagia. 

Cuando se describe, no lo hace con solemnidad, sino con precisión. 

Dice que es aferrada porque no suelta los proyectos hasta verlos caminar. 

Afirma ser perfeccionista porque entiende que los detalles sostienen la experiencia. Habla de su paciencia como una habilidad que ha desarrollado, sobre todo con clientes exigentes.

Se sabe entregada, porque si alguien la contrata, hará todo lo que esté en sus manos para garantizar satisfacción. 

Y, sobre todo, se define apasionada. Ama lo que hace, sin matices.

Al hablar de inspiración, menciona dos pilares fundamentales en su vida: sus hijas, que son las primeras que observa al despertar, y sus clientes, que la motivan a mejorar. 

Entre el hogar y la profesión encuentra su equilibrio.

Sobre el orgullo de su ciudad, la emoción es evidente. 

“Ser tijuanense exitosa es una realidad ganada a pulso”. Ama a la ciudad, porque aquí nació, creció y tuvo momentos para aprender y consolidarse. 

No se ve viviendo en otro sitio, aunque sí se visualiza trabajando más allá de sus fronteras —y del Valle de Guadalupe— en bodas destino, eventos nacionales, alianzas estratégicas. “Tijuana es mi raíz”, sostiene.

Vocación construida a pulso

En el mundo de la planeación de eventos, detrás de cada minuto existe alguien que asumió la responsabilidad del tiempo y lo convirtió en experiencia. 

Paola nos comparte que su entrada a la industria fue inesperada. 

Tenía veintitantos años cuando trabajaba en un spa como relaciones públicas y administradora. 

Allí conoció a Alicia Meneses, socia del spa y dueña de una empresa de eventos empresariales. 

Esa invitación a colaborar cambió el rumbo de su vida. Paola dejó el spa y entró a los eventos sin tener idea de lo que implicaba. 

Descubrió que le gustaba resolver, ayudar, involucrarse. A partir de entonces, nunca volvió atrás.

Comenzó organizando eventos sociales y empresariales. Después llegó el Club Campestre de Tijuana, donde pasó siete años. Coordinó torneos, conciertos, eventos deportivos, actividades con la Sociedad de Damas. Aprendió a trabajar con agenda, público, presión y expectativas. 

Fue ahí donde la logística se convirtió en su músculo más sólido.

Emprender sin red

Sin embargo, hace tres años, Paola tomó una decisión que exige valentía, al iniciar su propio negocio. 

No tenía cartera de clientes, ni contratos, ni garantías. Sólo tenía oficio, reputación y carácter. Lo describe con una frase que retrata su convicción: “Es ahora o nunca.”

La llamada que llegó después marcó un antes y un después. 

Una novia la contactó, la conoció y le dijo: “No quiero entrevistar a nadie más, quiero trabajar contigo”. Desde entonces, varias novias han repetido la misma secuencia: confían, la eligen y permanecen.

Sus clientes, explica, notan su entrega. Lo dice con naturalidad: “Siempre trato de dar 1300%. No me conformo con lo que dice el contrato. Eso es muy poco para mí”. 

La dictadura del timing

Mientras hay planners que decoran, otras, como Paola, dirigen. 

Su obsesión central no es estética sino estratégica. “Lo que más me obsesiona de los eventos es el timing”, afirma sin titubeo. 

Para ella, el reloj es un sistema nervioso. Si se acordó servir a las cinco de la tarde, esa hora es innegociable. La precisión no es un capricho. Sin embargo, la ejecución depende de decenas de manos que no siempre pueden sincronizarse con la misma fidelidad.

Ese es el punto más complicado de su trabajo, comparte, justo cuando la perfección que prometió no depende de ella. 

Los proveedores, el staff, el clima, el tráfico, la electricidad, la cocina, el montaje: cada pieza es un riesgo. 

El cliente, naturalmente, ve un solo rostro: el de la planner. Paola lo sabe. Por eso exige, supervisa, acelera, corrige, afirmando que su estándar es alto porque su apellido está en juego.

El evento irrepetible

De todos los tipos de eventos que organiza, las bodas ocupan un lugar especial en ella.

“Un cumpleaños, una inauguración o un evento corporativo pueden repetirse. Una boda no”, afirma, por ser un acontecimiento que se vive una sola vez. 

Planear una boda no es solamente estética. También es psicología.  Durante meses, y en ocasiones durante un año, la planner se convierte en confidente, consejera y contención emocional. 

“No puedes decirle a una novia: ‘relájate’. Tienes que asegurarle que todo está sucediendo como debe suceder”.

Bajo ese parámetro, Paola narra, anticipa, describe lo que está pasando y lo que pasará, sin revelar los pequeños desastres que ocurren detrás del telón.

“Siempre ocurre algo. Pero la novia jamás debe enterarse. La tarea es resolver con velocidad, creatividad y discreción”. 

La locura necesaria

Entre risas, nos confiesa que si tuviera una biografía, ésta se titularía “La Loca de la Logística”. 

El nombre no es broma. Ella disfruta la estructura, la secuencia y el orden. 

“Sin logística bien estructurada no tenemos nada. Lo demás ahí se va”.

Diseño, producción, decoración y espectáculo son las capas que el cliente ve. La base —toda la base— es cronograma. 

Por eso repite una idea que sostiene su carrera: sin proveedores no somos nada, asegurando que el éxito no depende solo de ella, sino de todos los que la rodean. 

Una mujer que no se detiene

Lo que más desea hoy es profundizar en eventos empresariales. 

Es un terreno distinto al social: complejo, técnico, exigente, pero fascinante. Quiere sentarse con empresas que están creciendo, con equipos de los que pueda aprender. No se siente en la mitad de su trayectoria, por el contrario, se siente arrancando.

No por nada, su filosofía profesional se resume en un principio simple: tocar puertas. Cuando no hay eventos, hay que decirle al mercado que existes. 

“En ocasiones el cliente no está buscando el servicio, pero hay que hacerle saber que lo necesita. Esa actitud ha sido determinante”.

El instante donde todo cobra sentido

Hay un momento que justifica todo el trabajo: cuando el evento se ilumina.

Los invitados llegan, la música sube, los tiempos se alinean. En ese lapso, los meses de planeación se condensan en segundos. La satisfacción de ver a una novia feliz, a una empresa orgullosa, a una familia celebrando, es lo que sostiene el oficio.

Para Paola no es el pago ni la foto, es, simplemente, la certeza de cumplir.

John Keating, aquel profesor inolvidable de La Sociedad de los Poetas Muertos, decía: “No leeremos y escribiremos poesía porque sea lindo. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana, y la raza humana está llena de pasión”. 

Esa frase nos lleva a entender que hay profesiones que nacen de lo mismo: de una pasión por lo humano, por el instante, por lo que ocurre una sola vez y no admite ensayo.

A veces la planeación parece ingeniería aeroespacial, con proveedores, itinerarios, nervios, llamadas, energía eléctrica, tiempos de montaje, imprevistos, lluvia, viento, lágrimas, sonrisas, relojes. 

Y, sin embargo, en medio del vértigo, hay quienes observan desde arriba, con calma y precisión. Son los que caminan entre comensales sin que nadie note que la fiesta está sostenida por hilos invisibles. 

Los que sonríen mientras calculan la llegada del mariachi, el acomodo de los invitados, la iluminación, la pista y el brindis. Los que saben que el evento perfecto no existe, pero la excelencia sí.

La conversación termina y queda claro algo fundamental: detrás de esa sonrisa que da tranquilidad, Paola Téllez construyó su carrera con una premisa simple y feroz: la excelencia es el camino para crear momentos irrepetibles. 

Quien la contrata deposita confianza, y ella responde con presencia, carácter y precisión.

Porque su oficio no consiste en planear fiestas, consiste en planear instantes que no vuelven. 

En esa fugacidad está su fuerza. Ese es el lugar donde reina.

Así es Paola. La mirada y su sonrisa lo confirman.

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