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Oda al sector industrial de Baja California

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Por: Roberto Quijano Luna, Abogado. Académico. Autor

Baja California ha llegado a un momento clave de su desarrollo. El sector industrial, motor principal de nuestra economía, debe reflexionar sobre dónde se encuentra y cuáles son los retos que enfrenta. Son más de trescientos mil empleos directos los que, por décadas, han sostenido nuestra prosperidad. El siguiente paso debe ser una transformación cualitativa. Ya no basta con promover las bondades de nuestra región para atraer inversión y generar empleos. El desafío de hoy es educar y capacitar a nuestra fuerza laboral en tareas altamente especializadas. 

Se trata de formar técnicos, operadores, gerentes, ingenieros y directores, con la aspiración de que cada categoría avance un peldaño más a través de un entrenamiento intensivo y de calidad. Este cometido exige al menos una década de esfuerzos constantes para convertir a nuestra fuerza laboral en un proletariado altamente calificado. En este proceso, las universidades y tecnológicos juegan un papel esencial. Contamos con centros de educación superior de primer nivel, pero es indispensable redoblar la atracción de talento global que complemente y potencie a nuestro capital humano local.

La palabra clave en esta transformación es productividad: la capacidad de hombres y máquinas de producir más bienes y servicios en menos tiempo, con calidad superior, en comparación con nuestros competidores y con lo que nosotros mismos hemos logrado en el pasado. Y la productividad sólo puede florecer con cooperación, no únicamente dentro de la empresa, sino a nivel comunitario y regional.

Lamentablemente, los gobiernos, que en el discurso se proclaman promotores del empleo, en los hechos han demostrado ser auténticos antagonistas del sector industrial. La pérdida de empleos formales en el presente ejercicio fiscal, los incrementos al impuesto sobre la nómina y las inspecciones con fines recaudatorios son prueba de una hostilidad abierta hacia la libre empresa.

Quien visite alguna de las grandes plantas manufactureras de la región podrá constatar la labor extraordinaria que se realiza cada día. En un mundo donde las economías avanzadas compiten ferozmente por atraer empleos industriales, nosotros tenemos el privilegio de contar con una oferta abundante.

Más que una oda, este es un llamado urgente a la acción. El boom industrial que inició en los años ochenta se encuentra hoy en una cima frágil. Durante la última década hemos perdido parte de la pujanza que durante años alimentó la industrialización de Baja California.

Nuestro caso no es único. Muchas naciones han enfrentado este mismo punto de inflexión, en el que deben decidir si se reinventan para aprovechar la mano de obra calificada y producir bienes de alta especialización, o si se resignan a seguir siendo simples centros de ensamblaje, con el riesgo de estancarse y, en última instancia, liquidar su sector industrial.

Por ello, hago un llamado a toda la sociedad a sumarse a este esfuerzo de renovación. Aunque no todos tengamos un empleo en la industria, al ser el motor de la economía formal, de ella dependen incontables proveedores, comercios y empleos indirectos. Del mismo modo, exhorto al gobierno a abandonar su antagonismo hacia la libre empresa y a facilitar, no obstaculizar, el florecimiento del sector industrial, renunciando a la tentación de extraer más impuestos y de recurrir a prácticas coercitivas.

Ha llegado el momento de preguntarnos, con seriedad y sin evasivas: ¿dónde queremos que esté Baja California en las próximas décadas?

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