Por: Dr. Karim Chalita Rodríguez, presidente del Comité de Turismo y Convenciones de Tijuana.
Uno de los términos que constantemente escuchamos en mesas de discusión con expertos y autoridades, cuando buscamos atraer más turismo a una ciudad, es el de “nuevos productos turísticos”.
Sin duda, es fácil afirmar que son indispensables tanto para conservar como para incrementar la afluencia de visitantes. Sin embargo, ¿realmente conocemos su significado? ¿Entendemos todos el mismo concepto o existen interpretaciones distintas?
La realidad es que, según el autor y la época, el término adquiere matices diversos, lo que ha dado lugar a distintas visiones sobre lo que implica la creación de “nuevos productos turísticos”.
Para Kotler, Bowen y Makens, la creación de un nuevo producto turístico no consiste en inventar algo completamente inédito, sino en diseñar experiencias atractivas para el visitante, estructuradas a partir de recursos reales. Éstas pueden ser de índole cultural, gastronómica, artística, de bienestar, entre otras. Se trata de propuestas con un concepto claro o una ruta definida que se ofrece al turista como una experiencia integral.
Estos servicios deben estar acompañados de estándares de calidad, narrativa coherente, seguridad y, sobre todo, coordinación entre los distintos prestadores de servicios. Asimismo, es fundamental que el proceso de reserva sea sencillo y que existan políticas claras de cancelación.
Otros autores sostienen que los nuevos productos turísticos deben enfocarse en la creación de experiencias en las que los actores locales interactúen activamente con las necesidades de los turistas. En este enfoque, las comunidades y los actores del territorio diseñan propuestas que combinan identidad cultural y recursos naturales, mostrando así la riqueza cultural y la diversidad de la oferta de cada región. Entre los partidarios de esta visión se encuentran Ramírez Hernández (2019) y Molina (2022).
Por otro lado, existe la postura que define los nuevos productos turísticos como la creación de experiencias o actividades que no existían previamente. En este caso, la innovación juega un papel central, al convertirse en el pilar para el desarrollo turístico. Esto implica renovar por completo los productos existentes o diseñar propuestas totalmente nuevas. Mullo Romero et al. (2019) y Fernández-Villarán (2024) respaldan esta perspectiva.
Existe también un enfoque relacionado con la innovación que va más allá en la conceptualización de nuevos productos turísticos: el modelo de smart destination o destinos inteligentes. En este esquema, el uso de tecnología moderna desempeña un papel fundamental para mejorar la experiencia del turista y optimizar los recursos del destino. Se incorporan herramientas tecnológicas que permiten personalizar la oferta y gestionar de manera más eficiente la demanda, convirtiendo al destino en un espacio más moderno, competitivo y atractivo. Carballido y Guevara-Plaza (2021) desarrollan esta propuesta.
Otro aspecto que actualmente cobra gran relevancia es la sostenibilidad. Los nuevos productos turísticos deben sustentarse en prácticas sostenibles bajo un enfoque multidimensional que considere los ámbitos ambiental, social y económico.
En términos generales, aquellos productos en los que las comunidades se benefician de las políticas públicas, que cuentan con instalaciones sostenibles y que adoptan medidas para proteger el medio ambiente, conservar el agua y optimizar el uso de la energía, generan experiencias más responsables y satisfactorias para el visitante.
Habiendo descrito algunos puntos de vista sobre el concepto de “nuevos productos turísticos”, surge una pregunta clave: ¿a quién corresponde dar el primer paso para su creación?
Es probable que las respuestas varíen según el actor consultado. Desde nuestra perspectiva, en la práctica, la iniciativa recae principalmente en el sector privado; sin embargo, el gobierno tiene la responsabilidad de generar las condiciones necesarias para que estos proyectos prosperen.
En otras palabras, los particulares diseñan las experiencias, realizan la inversión y las convierten en productos concretos que posteriormente ofertan al mercado. Por su parte, el gobierno debe garantizar el ordenamiento urbano, la agilización de trámites y permisos, la seguridad y la creación de un entorno que motive al turista a regresar.
Los destinos turísticos deben evolucionar de la simple oferta de lugares hacia la propuesta de experiencias de calidad, alineadas con las tendencias y expectativas actuales de los visitantes.
Asimismo, deben involucrarse los organismos de promoción turística, tanto municipales y estatales como paramunicipales, ya que de ellos depende la proyección estratégica del destino. Las alianzas entre el sector privado y estos organismos resultan fundamentales para el desarrollo y posicionamiento de nuevos productos turísticos, tanto a nivel local como internacional.
En materia de promoción, la narrativa debe estar alineada y orientada a fortalecer la identidad del destino. Estas instituciones se convierten en aceleradores cuando trabajan de manera coordinada con toda la cadena de valor.
Como se mencionó anteriormente, también es indispensable la participación de la comunidad y del sector cultural, ya que aportan autenticidad y legitimidad a los productos desarrollados.
De igual manera, la academia desempeña un papel esencial a través de la investigación, la capacitación y la formación de nuevos profesionistas, particularmente en las áreas relacionadas con el turismo. La conjunción de esfuerzos entre todos los sectores mencionados contribuirá, sin duda, al incremento de la afluencia turística.
Como podrá observar el lector, el análisis del término “nuevos productos turísticos” refleja la complejidad y diversidad de la industria turística contemporánea. Si bien existen diferentes enfoques conceptuales, todos coinciden en un objetivo común: ofrecer al visitante una experiencia única que desee repetir en el futuro.
















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