Este 20 de noviembre de 2025, México llega al 115 aniversario del inicio de la Revolución Mexicana, uno de los acontecimientos más trascendentes de su historia moderna.
Más allá del desfile cívico-deportivo y del descanso obligatorio trasladado al tercer lunes de noviembre, la fecha invita a revisar el conflicto que transformó las estructuras políticas, sociales y económicas del país, y cuyos ecos siguen presentes más de un siglo después.
El origen oficial del movimiento se sitúa en el 20 de noviembre de 1910, cuando Francisco I. Madero llamó a levantarse en armas contra el régimen de Porfirio Díaz mediante el Plan de San Luis. Aquel documento, fechado semanas después del fraude electoral que mantuvo a Díaz en el poder, acusaba la falta de libertades, el control férreo de la vida pública y la concentración de riqueza bajo el porfiriato, y convocaba al país a luchar por el principio que marcaría toda la era: “Sufragio efectivo, no reelección”.
Aunque el estallido no ocurrió de forma simultánea en esa jornada, los levantamientos comenzaron a multiplicarse en los meses siguientes. La presión militar y política derivó en la renuncia de Díaz en 1911, dando paso a una década convulsa en la que diversos proyectos de nación chocaron entre sí: el maderismo democrático, el constitucionalismo de Carranza, el zapatismo que exigía “Tierra y Libertad”, y el villismo que galvanizó al norte con enormes bases populares.
Entre 1910 y 1920, México vivió una guerra civil de múltiples capas. Historiadores estiman que entre un millón y dos millones de personas murieron durante el conflicto —por combate, enfermedades o hambrunas derivadas de la inestabilidad— en un país con apenas 15 millones de habitantes. Fue un costo humano y social que, paradójicamente, sentó las bases para la reconstrucción posterior.
El punto de inflexión llegó con la Constitución de 1917, redactada en Querétaro, que incorporó avances inéditos para la época: derechos laborales como la jornada máxima y el salario mínimo; la propiedad social de la tierra y la base jurídica para la reforma agraria; así como la soberanía del Estado sobre los recursos del subsuelo. Ese marco legal —aún vigente— se convirtió en el eje de la vida institucional del siglo XX.
Hoy, al cumplirse 115 años, la Revolución Mexicana permanece como un símbolo de identidad nacional y, al mismo tiempo, como un recordatorio de los desafíos inconclusos.
En distintas ciudades del país se organizan desfiles, ceremonias cívicas y actividades culturales que rememoran a Madero, Zapata, Villa y a los constituyentes de 1917; pero la commemoración también plantea preguntas incómodas sobre el presente.
La desigualdad económica, la concentración de la riqueza, el acceso a la justicia y la vigencia de los derechos laborales siguen en el centro de la discusión pública, igual que en 1910.
También lo hacen la participación ciudadana, el fortalecimiento democrático y el debate sobre la distribución del poder político, herederos directos del ideario antirreeleccionista.

















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