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Las palabras de Trump no describen la realidad, la manipulan

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Es bien sabido que a los medios de comunicación se les califica como el 4to poder, porque son el micrófono de los que tienen voz, es el expansor de la información y quien controla la información, controla la forma en la que se percibe la realidad, y nadie tiene esto más claro que los políticos, entre ellos, el que se autodenomina como “el más poderoso”.

Donald Trump sabe el poder de sus afirmaciones y no ha dudado ni una sola vez en aprovecharlo, y aunque con su propio electorado ya no le funcione igual, ahora su público en realidad es el mundo. Sus palabras no buscan decir la verdad, buscan mover cosas, versiones, perspectivas, conflictos, recursos y, por lo tanto, dinero.

Luego de iniciar una escalada que tiene a todos en alerta, Trump ha utilizado su narrativa para mover los mercados. Apenas hace unos días aseguró que ya había comenzado a negociar con Irán, con alguien “muy respetado”, sin decir quién era ni qué cargo tenía. El país, que ha sido punto de ataques, respondió ese mismo día negando cualquier negociación y, más que eso, lo acusó de usar esa declaración para manipular el precio del petróleo, que hoy es uno de los verdaderos puntos de tensión.

Irán controla la vía por donde pasa cerca del 20 por ciento del petróleo del mundo, el Estrecho de Ormuz, así que no hace falta pensar demasiado para entender por qué esa zona concentra intereses que van mucho más allá del discurso de “libertad”. Y tal como se le acusó, funcionó. La mentira, o la versión que decidió lanzar, sí logró mover los precios y modificar momentáneamente el equilibrio. Al final es su palabra contra la de ellos, y también es bien sabido que no es alguien particularmente comprometido con la verdad.

Lo mismo ha pasado con sus aliados. En cuanto percibe que sus amenazas ya no pesan tanto como el costo de una guerra, cambia el tono. Primero minimiza a la OTAN, la reduce a un bloque que sin Estados Unidos no tiene fuerza ni capacidad real, justo después de haberles pedido apoyo para intervenir en la misma zona estratégica. Y cuando no obtiene lo que quiere, entonces afirma que no los necesita. Todo esto mientras lanza advertencias sobre posibles bombardeos en territorio iraní y habla de acuerdos con interlocutores que nadie termina de ubicar.

En este punto, no parece tratarse de contradicciones, sino de otra cosa. Las palabras ya no están ahí para describir la realidad, sino para empujarla, para tensarla o aflojarla según convenga. No es tanto lo que se dice, sino lo que logra mover cada vez que se dice.

Y en medio de un escenario internacional cada vez más inestable, tal vez lo más preocupante no es la amenaza directa, sino la facilidad con la que una declaración puede alterar mercados, alianzas y percepciones. Porque aunque los misiles caigan en otro hemisferio, lo que se dice sobre ellos también termina tocando nuestras puertas.

 

-Linda Verónica Valdez

Periodista en BCTneus

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