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La desaladora de Rosarito entra en una etapa decisiva: tres consorcios buscan convertir el proyecto en realidad

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Después de años de anuncios, ajustes y procesos que no lograron concretarse, la planta desaladora de Playas de Rosarito vuelve a colocarse en un punto clave. Tres consorcios fueron invitados a competir por la construcción de una de las obras hídricas más relevantes para el futuro de la Zona Costa de Baja California, un proyecto que busca reducir la presión sobre las fuentes tradicionales de abastecimiento de agua.

El nuevo procedimiento llega después de que dos concursos anteriores fueran declarados desiertos al no encontrarse propuestas que cumplieran satisfactoriamente con los requisitos establecidos. Ante este escenario, el proceso avanzó bajo la modalidad de invitación a cuando menos tres participantes, con la intención de acelerar la contratación y seleccionar a empresas con experiencia en infraestructura relacionada con la potabilización y la ósmosis inversa.

La magnitud del proyecto va más allá de una nueva instalación industrial. La primera etapa contempla una capacidad de producción de 2 mil 200 litros de agua por segundo, además de infraestructura de conducción y almacenamiento. De acuerdo con la información oficial del proyecto, se estima que permitirá complementar el abastecimiento de Playas de Rosarito y la zona suroeste de Tijuana, con un alcance cercano a los 994 mil habitantes. La inversión global estimada para el proyecto asciende a más de 12 mil 861 millones de pesos.

El calendario previsto marca julio como un mes determinante. La recepción de propuestas está programada para este 13 de julio, mientras que el fallo se contempla para el día 24 y la firma del contrato para el 31 del mismo mes. Si el proceso avanza conforme a lo planeado, la construcción podría iniciar el 1 de agosto de 2026, con una vigencia contractual que se extendería hasta julio de 2029.

Más allá de la competencia empresarial, la desaladora representa una apuesta por transformar la manera en que una región históricamente vulnerable a la escasez obtiene uno de sus recursos esenciales. El crecimiento urbano, la actividad económica y la dependencia de fuentes externas han convertido la seguridad hídrica en uno de los principales desafíos de Baja California.

El reto, sin embargo, no termina con elegir a un ganador. La ejecución, la transparencia del proceso, el cumplimiento de los tiempos y la viabilidad de la infraestructura serán determinantes para que la obra deje de ser una promesa recurrente y se convierta en una solución tangible. Para Rosarito y Tijuana, el resultado de esta nueva etapa podría marcar un antes y un después en la búsqueda de mayor certeza sobre el agua que sostendrá su crecimiento futuro.

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