En una decisión que sacude directamente la estabilidad económica de la frontera norte de México, el Gobierno de Estados Unidos anunció oficialmente que no renovará la extensión de largo plazo del T-MEC. En su lugar, la administración de Donald Trump optará por someter el acuerdo comercial a revisiones anuales obligatorias, una medida drástica que amenaza con desatar un prolongado periodo de incertidumbre para la industria manufacturera, de exportación y el sector maquilador de Tijuana.
La postura de Washington fue adelantada por el Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), Jamieson Greer, quien en una entrevista previa dejó claro que la Casa Blanca no está dispuesta a aprobar el acuerdo sin antes forzar cambios estructurales para corregir lo que consideran “desequilibrios comerciales”.
¿Qué implica esto para Tijuana y la región?
Para las empresas instaladas en Baja California que producen bienes bajo las reglas de la cadena de suministro norteamericana, las reglas del juego han cambiado. El T-MEC seguirá vigente por otra década (hasta 2036), pero en lugar de la estabilidad de una prórroga automática por 16 años —que era el escenario óptimo—, la región entra en un ciclo de negociaciones constantes y polémicas año con año.
Analistas locales y del sector industrial advierten que esto impactará directamente en:
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Inversión Extranjera Directa: Las corporaciones globales lo pensarán dos veces antes de expandir plantas en Tijuana si las reglas arancelarias pueden cambiar cada 12 meses.
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Sector Automotriz y Electrónico: Industrias clave en el estado que dependen de bajos aranceles e importaciones libres de impuestos.
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Estrategia Nacional: El libre comercio de la región representa casi un tercio del PIB mundial, con un intercambio intrarregional que superó los 1.6 billones de dólares en 2024.
La paradoja de Trump y la sombra de China
Aunque el propio Trump impulsó el acuerdo original en 2020, calificándolo entonces como el “mejor acuerdo jamás firmado”, su desencanto durante este segundo mandato obedece a razones de proteccionismo y geopolítica. El mandatario estadounidense argumenta que el T-MEC blindó a México y Canadá de los aranceles generales que él desea imponer de manera unilateral, además de buscar frenar a toda costa el contenido proveniente de China que pueda estar cruzando a través de la frontera mexicana.
“Creemos que existen problemas importantes”, declaró Greer a Bloomberg, confirmando que EE. UU. busca endurecer el piso mínimo de contenido estadounidense en industrias clave.
Presión máxima, pero sin ruptura total
A pesar de la retórica agresiva de la Casa Blanca, el panorama no representa el fin del tratado, sino el inicio de una guerra de desgaste comercial. El T-MEC cuenta con un fuerte apoyo bipartidista en el Congreso estadounidense, lo que dificultaría un abandono total por parte de Trump.
Sin embargo, para la economía de Tijuana —que ha utilizado el T-MEC como escudo para mitigar impactos económicos globales— la decisión estadounidense significa que la frontera tendrá que operar, a partir de hoy, bajo un esquema de “negociación bajo presión permanente”. El primer gran choque de esta nueva era se medirá el próximo 20 de julio, cuando Jamieson Greer se reúna formalmente con el secretario de Economía de México, Marcelo Ebrard.

















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