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El liderazgo femenino: una experiencia que se construye paso a paso

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Por: Elisa Ibáñez, presidente del Centro Empresarial de COPARMEX Tijuana

Cuando inicié mi vida profesional, nunca me pregunté si podría llegar a una posición de liderazgo. Simplemente me concentré en prepararme, trabajar y hacer bien mi trabajo. Con el tiempo entendí que, para muchas mujeres, el desafío no es sólo ser capaces, sino aprender a ocupar espacios que históricamente no siempre estuvieron pensados para nosotras.

A lo largo de mi trayectoria he comprobado que el liderazgo femenino no es un acto repentino, sino una construcción constante. Se forma en cada proyecto asumido, en cada decisión difícil y, sobre todo, en cada momento en el que elegimos no retroceder.

Uno de los aprendizajes más importantes para mí ha sido aceptar el reconocimiento. Durante años, como muchas mujeres, me resultaba más cómodo hablar del equipo que de mi propia contribución. Sin embargo, entendí que reconocer nuestro mérito no es arrogancia; es justicia profesional. Cuando una mujer visibiliza su trabajo, abre la puerta para que otras también lo hagan.

La educación ha sido otro pilar fundamental en mi camino. Prepararme constantemente me dio herramientas técnicas, pero también seguridad. La formación no elimina los retos, pero sí fortalece la confianza para tomar decisiones y defender ideas con argumentos sólidos.

También he aprendido que el liderazgo no es competencia entre géneros. En las mejores experiencias profesionales que he vivido, hombres y mujeres hemos trabajado en equipo, complementando capacidades. El éxito organizacional no depende del género, sino del talento, la disciplina y la visión compartida.

En el ámbito personal, el equilibrio ha sido un reto permanente. El crecimiento profesional femenino está profundamente vinculado a la corresponsabilidad en el hogar. Construir acuerdos, hacer equipo en la familia y establecer prioridades claras permite que la carrera no se convierta en una carga, sino en una realización.

Desde mi experiencia como contadora y asesora empresarial, he visto cómo las empresas que apuestan por la igualdad de oportunidades no sólo generan entornos más justos, sino más productivos. Cuando el talento se evalúa sin sesgos y se impulsa el desarrollo de todas las personas trabajadoras, los resultados son visibles en el desempeño y en la cultura organizacional.

Integrar a más mujeres al mercado laboral y, especialmente, a posiciones de liderazgo, no es únicamente un tema de equidad social. Es una estrategia inteligente para el crecimiento económico. México necesita todo su talento, y eso incluye a mujeres preparadas, decididas y comprometidas.

Mirando hacia atrás, puedo decir que el liderazgo no se trata de llegar primero, sino de sostener el camino con integridad. Cada logro ha implicado preparación, disciplina y convicción. Pero también ha implicado creer que sí es posible.

En el marco del Día Internacional de la Mujer, a las mujeres que hoy están construyendo su trayectoria profesional les diría algo sencillo: prepárense, confíen en su trabajo y no minimicen su aportación. El liderazgo no se concede… se construye.

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