Como México no hay dos
Preguntaron a Lorenzo
Pintor de justa valía
Cómo se las compondría
para que en un solo lienzo
Simbolizara el honor
Y cuanto de noble encierra
La privilegiada tierra que es la patria de su amor
El artista soberano
En suprema inspiración soló pintó un pabellón
El Pabellón Mexicano.
Por: José Galicot, empresario, educador y filántropo
Crecí con este poema que aprendí en la escuela primaria y que me llenaba de orgullo y patriotismo; me inspiraba y, de alguna manera, me enseñaba a amar a México con un amor de entrega y sin recato.
Patria mía, cuánto te amo. He gozado tus mares y tus montañas; he aprendido a admirar a tu gente buena de todos los confines de mi tierra. Me emociona llevar a “México en la piel”, escuchar tus canciones, tus versos y tus ritmos. Soy mexicano por tu historia, por tus sueños y tu grandeza; por tus escritores y poetas; por tus campesinos y tus industriales; por tus emigrantes que se van, pero no nos dejan, que nos recuerdan enviando divisas, echando porras en los juegos de futbol y soñando en la patria lejana. Ellos gritan “¡Viva México!” con toda el alma, aun en el temor de ser repatriados después de muchos años de ausencia.
Te amo, México, en tu cordura y en tu locura; en el color de tus flores, en tus amaneceres y atardeceres. Te amo con pasión ciega, perdonando a los malos sin tolerar sus actos. Amo al México de los campeones en deporte y al que terminó con las corridas de toros.
Quiero recobrar las pinceladas de Tamayo, de Anguiano, de Diego, de Siqueiros y de Orozco. Quiero palpitar con los sueños de grandeza; quiero creer en que “como México no hay dos”. Quiero dolerme en el llanto de una madre que tiene un hijo desaparecido; quiero pelear por lo bueno y atacar lo malo. Déjame quererte, México, volviendo a López Velarde y al poema simple de mi escuela primaria.

















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