Lo bueno no es solo que los niños la escuchen, sino que la practiquen, de la misma manera que no mejoramos físicamente si vemos actividades físicas y no hacemos ejercicios.
Un nuevo estudio de dos años llevado a cabo entre 44 estudiantes, todos participantes del Harmony Project, en Los Ángeles, demuestra que a partir del segundo año de tomar clases de música el cerebro comienza a cambiar.
Al aprender a procesar los sonidos, se enfoca mejor y los niños mejoran en sus clases de matemáticas, ciencias y lectura.
















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