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TOP OF MIND: José A. Ciccone, Transparencia Empresarial convertirse en destino

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La fidelidad de antaño prolongada a una marca, es difícil que se repita en mercados como los actuales llenos de novedades tecnológicas asombrosas, donde el marketing de hoy se mueve sin detenerse con una comunicación frecuente que persigue el ‘engagement’ o compromiso del consumidor, auxiliado por las inevitables y necesarias redes sociales, efectivas sí, pero en muchos casos provocando atomización en los mensajes haciendo añicos el esfuerzo de difusión emprendido, o bajando la recordación de los mismos en la mente del receptor, —que hoy recibe cuarenta por ciento más de mensajes publicitarios en un día, que hace apenas un par de lustros—. 

En este cometido, la inteligencia artificial también está cumpliendo un rol cada vez más preponderante en las comunicaciones, auxiliando al emisor con datos, orientaciones y conclusiones según su óptica de respuesta almacenada e inmediata, aunque resulta aconsejable que tampoco es bueno pedirle que haga nuestro trabajo y pueda meterse en la piel y el espíritu de una empresa, mucho menos en su pasado e impronta y su razón de ser o sus orígenes, porque este apoyo caería en el terreno de transformarse en impersonal, como ya está ocurriendo en el terreno de la política donde acabo de ver como un candidato pidió a la IA le elabore un discurso para promover su candidatura, esto tiene que ver, según mi prisma, más con la desvergüenza e incultura que con la modernidad. 

Ante este panorama nos preguntamos una vez más, qué acciones debemos empren- der desde la empresa para comunicar mejor qué hacemos y hacia dónde vamos en materia de información empresarial, porque es sabido y reconocido que el éxito comercial, incluyendo la supervivencia de las compañías, depende en gran medida de su habilidad para hacer más transparente y reconocible su gestión en los mercados. 

Desde los accionistas que confían en la firma, pero cuidan celosamente sus inversiones, pasando por el propio personal, los proveedores, líderes de la comunidad como agentes de poder y los siempre anhelados consumidores que seguirán siendo el factor preponderante que moviliza el accionar de una empresa. 

Todos, absolutamente, piden más información a las compañías, en el entendido que el detonante de la apertura comunicacional de muchas organizaciones —no sólo del ámbito empresarial—, son los propios medios de difusión en la modalidad que éstos elijan; desde la comunicación seria y revisada que nos proveen la radio, los periódicos —hoy mayoritariamente en su versión digital— y la televisión, que lejos está de ser vetusta, supo integrarse a los vientos de cambios con ensamble en las plataformas digitales, más los apps que dominan audiencias, todo este tándem fortalecido con apropiados influencers, generalmente de fama en las redes sociales, es decir, utilizar medios vivos, activos y confiables que den señales de contundencia favorable a la hora de impactar en el público deseado. 

La identificación de una empresa y el prestigio de una familia que, en algunos casos ya transitan tres generaciones de bajacalifornianos, no puede ni debe entregarse a manos inexpertas, por el solo hecho de vernos actualizados, simplemente por ser el nombre, el capital más valioso que poseemos. 

En el entendido que los públicos cambian, hay que estar un paso adelante en esa acelerada y permanente transformación, ‘agiornarse’, estar al día, comprender y aceptar los giros en su preferencia que propone el consumidor actual, una gran mayoría de ellos pegado a un teléfono celular, devorando horas contemplando, consultando y hasta obedeciendo a sus pantallas táctiles que en muchos casos los orientan y seducen con marcas e información estadística, no siempre fidedigna, emitiendo contenidos sobre el comportamiento del mercado actual y sus tendencias. 

Por lo tanto, la publicidad seguirá siendo necesaria pero no suficiente en materia de comunicación corporativa, ésta debe estar preparada, tanto interna como externamente para propiciar la transparencia y así poder medir la calidad de gestión con la gente, porque las empresas también cuentan historias, como las personas, sólo que lo hacen mediante anuncios de difusión masiva, en acciones concretas y profesionales de relaciones públicas, en campañas de promoción o marketing directo, para poder tocar de cerca al consumidor con sus mensajes y recibir el permanente feedback, esa retroalimentación tan necesaria para nuestros planes y propósitos en un mercado de competencias cada vez más feroz e implacable. 

Es bueno recordar y practicar, en cualquier época y circunstancia en la vida de una empresa, que un elemento fundamental y poderoso de la comunicación institucional siempre será la verdad bien dicha.

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