- El diseñador apuesta por una visión más sensorial, artesanal y discreta, alejándose del espectáculo para reinterpretar los códigos clásicos de la maison desde la esencia de Coco Chanel.
Cuando Chanel nombró a Matthieu Blazy director artístico en diciembre de 2024, el movimiento fue interpretado como algo más que una simple sucesión: fue visto como una transformación profunda en la dirección de la maison.
Por primera vez desde la llegada de Karl Lagerfeld en 1983, la marca apostó por un creativo externo para liderar su visión, asumiendo la dirección de todas sus líneas, desde la alta costura hasta los accesorios. Lejos de buscar un impacto inmediato o espectacular, Blazy ha optado por un enfoque más contenido y reflexivo.

Su propuesta para Chanel se aleja de la lógica de la moda viral. En lugar de priorizar lo llamativo o lo “instagrameable”, apuesta por la textura, el movimiento y la experiencia sensorial de las prendas. En su debut, presentó una colección donde los códigos clásicos de la casa —el tweed, las camelias o el bolso 2.55— aparecían reinterpretados, con un aire vivido, menos perfecto y más humano.
Este cambio conecta directamente con su trayectoria en Bottega Veneta, donde destacó por su trabajo centrado en la artesanía y la innovación material. En Chanel, esa filosofía se mantiene, pero con un giro: la artesanía no como nostalgia, sino como relato. Las prendas ya no buscan la perfección intacta, sino sugerir uso, historia y movimiento.

Blazy también se distancia del legado teatral de Karl Lagerfeld y de la continuidad más discreta de Virginie Viard, mirando en cambio hacia la esencia original de Coco Chanel: libertad, comodidad y modernidad.
En un contexto de renovación global en la industria de la moda, su llegada simboliza un cambio hacia una creatividad más colaborativa y menos centrada en la figura del diseñador como estrella. Su Chanel no busca imponer una imagen inmediata, sino construir una identidad que se revela con el tiempo, casi en silencio.
















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