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Ser papá hoy: El oficio que se está reinventando

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  • Este junio, celebremos a los padres que están eligiendo estar.

Hay una imagen que muchos llevamos grabada: El padre llegando del trabajo, la cena ya puesta, los hijos corriendo a abrazarlo.

Cuando hablamos de familias monoparentales, el imaginario colectivo casi siempre dibuja a una mujer. Y no es casualidad: el 84% de los hogares monoparentales en México están encabezados por la madre. Pero hay una historia que se cuenta menos, la del hombre que un día se quedó solo al frente de todo.

En México, hay 907 mil papás que se hacen cargo de sus hijos luego de la muerte de su pareja. A eso hay que sumarle separaciones, divorcios, abandonos. Menos del 1% de los núcleos familiares en el país tiene un padre soltero al frente, una cifra pequeña en porcentaje, pero enorme en historias de vida.

Por otro lado, más allá de los casos extremos, algo está cambiando en las familias con dos adultos en casa. Los padres de esta generación cambian pañales, cocinan entre semana y recuerdan cuál es el día del festival escolar. No porque alguien se los pida: porque quieren estar. Es un cambio cultural profundo que va de la mano de mujeres que también trabajan y construyen proyectos propios. Cuando ambos tienen una vida fuera del hogar, la crianza se negocia, se reparte y se comparte.

El problema es que las estructuras laborales no siempre acompañan esa voluntad. México otorga apenas cinco días hábiles de permiso de paternidad por ley. Y aunque hay iniciativas en el Congreso para ampliarlo, sigue siendo insuficiente y sobre todo porque se toman con cargo al empleador y no al erario.

Mientras tanto, algunas empresas toman la delantera con licencias extendidas y horarios flexibles, políticas que deberían existir para cualquier padre que quiera estar presente.

Cuando el mapa no trae instrucciones, hay una dimensión de la paternidad que raramente aparece en las conversaciones públicas: la de los hombres que quieren ser buenos padres, pero no saben bien cómo, porque nunca tuvieron uno. O porque el que tuvieron les enseñó, sobre todo, a qué no quieren parecerse.

La herencia emocional de un padre ausente, distante, violento o simplemente desconectado, pesa. Y construir una paternidad diferente a la que se vivió requiere un trabajo interno enorme, a veces sin brújula, a veces sin compañía. Romper el ciclo no es instintivo: es una decisión que se toma todos los días, con torpeza, con miedo, con amor.

Estos padres merecen ser nombrados también. El que abraza, aunque nadie lo vio abrazar de niño. El que dice “te quiero” aunque en su casa nunca se dijo. El que pide perdón porque sabe que se equivocó. El que va a terapia para no repetir patrones. Eso también es paternidad. Y es, quizás, la forma más valiente de serlo.

El Día del Padre en junio no celebra a una figura. Celebra a un espectro amplio, diverso y en transformación: al papá soltero que a las siete de la mañana ya tiene el lunch listo. Al que trabaja desde casa y lleva a los hijos a la escuela. Al que aprendió a cocinar porque no le quedaba de otra. Al que llegó tarde al cumpleaños de su hijo por una junta que no podía posponer y todavía carga esa culpa. Al que está aprendiendo a ser lo que no tuvo.

La paternidad hoy no se mide en autoridad ni en cheques. Se mide en presencia. En esa presencia cotidiana, imperfecta, que los hijos guardan sin saberlo.

Marina Guerrero: Liderazgo con propósito y una visión centrada en las personas

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