Tras décadas de especulación, hipótesis fallidas y teorías que iban de lo académico a lo conspirativo, una investigación de la agencia internacional Reuters plantea el que podría ser el señalamiento más sólido hasta ahora sobre la identidad de Banksy, el artista urbano cuya anonimidad ha sido parte central de su impacto global.
El trabajo, firmado por los periodistas Simon Gardner, James Parson y Blake Morrison, se apoya en una investigación de varios años que combina documentos judiciales, archivos fotográficos, registros migratorios y testimonios de personas vinculadas al entorno del presunto autor. No se trata, según la propia agencia, de una intuición o una coincidencia aislada, sino de un cruce sistemático de información que permite seguir la huella de un individuo en paralelo al crecimiento del fenómeno Banksy.
El nombre que vuelve a aparecer, y que ahora es presentado con mayor sustento, es el de Robin Gunningham, un británico previamente señalado en otras investigaciones. Sin embargo, el reportaje añade un elemento adicional: el uso de una identidad alterna, “David Jones”, que habría servido para moverse con discreción en espacios donde la figura de Banksy ya generaba atención mediática, vigilancia institucional y un creciente interés comercial.

“Desenterramos expedientes judiciales e informes policiales estadunidenses hasta entonces desconocidos. Entre ellos se encontraba una confesión manuscrita del artista sobre un antiguo cargo por un delito menor de alteración del orden público, un documento que revelaba, sin lugar a dudas, la verdadera identidad de Banksy”.
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Mark Stephens, abogado de Banksy, escribió a Reuters para “sin confirmar ni desmentir la identidad”, pedir no publicar el reportaje, con el alegato de que hacerlo “violaría la privacidad del artista, interferiría con su arte y lo pondría en peligro”.
Entre los posibles Banksys que barajaba Reuters se encontraban Thierry Guetta, un artista callejero conocido como Mr Brainwash; Robin Gunningham, a quien The Mail on Sunday sugirió que sería el creador; y Robert Del Naja, líder de la banda Massive Attack. “En 2016, un escritor escocés descubrió que varias obras callejeras de Banksy aparecieron en los mismos lugares y aproximadamente al mismo tiempo que Massive Attack acababa de actuar”.
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La clave del planteamiento, de acuerdo con Reuters, está en la coincidencia entre los desplazamientos documentados de esta persona y la aparición de obras en distintas ciudades. Fechas, ubicaciones y círculos sociales no solo coinciden, sino que, al superponerse, trazan un mapa que replica casi con exactitud el rastro artístico atribuido al grafitero.
Aunque esta no es la primera vez que se intenta identificarlo, sí marca una diferencia en la forma de argumentarlo.
En 2016, el investigador Steven Le Comber ya había apuntado hacia el mismo nombre mediante técnicas de geoperfilado utilizadas en criminología, aunque aquel ejercicio se mantenía en el terreno de la probabilidad. Lo que ahora propone Reuters es un paso más allá: articular una biografía verificable que dialogue directamente con la cronología de las intervenciones artísticas.
Mientras tanto, la figura de Banksy ha seguido creciendo como una de las más influyentes del arte contemporáneo, no solo por su técnica basada en esténcil, sino por su capacidad de insertar crítica política y social en el espacio público. Obras como Girl with Balloon, convertida en un símbolo global, o su transformación en Love is in the Bin durante una subasta en Sotheby’s evidencian una relación compleja con el mercado: lo cuestiona, pero también lo alimenta.
A esto se suman intervenciones como Napalm o proyectos como Dismaland, que han consolidado su perfil como un artista que mezcla ironía, denuncia y apropiación de símbolos culturales. Incluso sus incursiones no autorizadas en museos como el Museo de Arte Moderno de Nueva York o el Museo Británico reforzaron esa narrativa de confrontación con las instituciones del arte.
Para especialistas como Alfonso Miranda, el interés por conocer la identidad de Banksy es un factor que puede impactar tanto en la valuación de sus obras como en aspectos fiscales y regulatorios dentro de un mercado donde algunas piezas alcanzan cifras millonarias.
Al mismo tiempo, persiste la posibilidad de que Banksy no sea una sola persona, sino un esfuerzo colectivo, algo que relativiza la búsqueda de una identidad única y encaja con la naturaleza colaborativa del arte urbano.

















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