La reciente declaración de quiebra de Saks Global (ocurrida el pasado 14 de enero) reveló una dinámica de poder inusual en el mundo del retail, de acuerdo a expertos.
No se trata solo de una reestructuración financiera común; es un escenario donde marcas de lujo como Chanel, LVMH y Kering están ejerciendo una influencia silenciosa pero determinante, posicionándose por encima de otros acreedores.
En cualquier proceso de quiebra, existe un fondo destinado a “proveedores esenciales”, indica un artículo de Forbes. Generalmente, este grupo está compuesto por servicios básicos o logística. Sin embargo, en el caso de Saks, las marcas de lujo han reclamado este título.
Saks depende totalmente de ellas para mantener su prestigio y atraer clientes. Si Chanel o Gucci deciden “asfixiar” al minorista deteniendo sus envíos, el modelo de negocio de Saks colapsaría por completo. Esta dependencia otorga a las grandes firmas una ventaja estratégica para exigir pagos prioritarios del fondo de 120 millones de dólares aprobado por el tribunal.
La magnitud de las deudas refleja la importancia de estas alianzas comerciales:
- Chanel: Lidera la lista con una reclamación de 136 millones de dólares.
- Kering (Gucci, Saint Laurent): Reclama 60 millones de dólares.
- LVMH (Louis Vuitton, Dior): Tiene una deuda pendiente de 26 millones de dólares.
Mientras estas potencias negocian desde una posición de fuerza, los proveedores más pequeños enfrentan un panorama sombrío. Muchos de ellos han descrito el proceso como una “caja negra”, donde obtener una reunión con la directiva de Saks es casi imposible.
Un punto de fricción inesperado en este proceso es la reciente asociación de Saks con Amazon. Según fuentes cercanas al caso, las marcas de lujo no ven con buenos ojos la posibilidad de que sus productos exclusivos se vendan en una plataforma de consumo masivo.
Se especula que estos gigantes del sector podrían utilizar su influencia en el proceso de quiebra para bloquear o limitar el alcance de esta alianza, buscando proteger la exclusividad de su imagen de marca por encima de los planes de expansión digital de Saks.
Ante el riesgo de quedar en el último lugar de la fila de cobros, algunos comerciantes medianos y pequeños están considerando la negociación colectiva. Su argumento es que, aunque no tengan el peso de Chanel, la variedad de marcas es lo que hace que una tienda departamental sea atractiva. Sin embargo, en un entorno donde el flujo de caja es limitado, convencer a la administración de Saks de priorizar la variedad sobre los “imprescindibles” será una batalla cuesta arriba.
El caso de Saks es un recordatorio de que, en el sector de alta gama, el inventario no es solo mercancía, sino capital político. La quiebra de este gigante del retail no solo se decidirá en los tribunales, sino en las salas de juntas de París y Milán, donde las marcas que “hacen” a Saks decidirán si el minorista es aún un socio digno de su confianza.

















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