De acuerdo con un análisis de Tijuana EDC, para la manufactura instalada en la ciudad el reto ya no es anticipar cada giro de la política comercial, sino responder con rapidez cuando ocurre, ajustar operaciones sin frenar líneas de producción y sin trasladar sobrecostos al cliente final.
“La pregunta no es si los aranceles cambiarán, sino con qué rapidez podrán adaptarse las operaciones cuando lo hagan”, plantea el documento difundido por el organismo de promoción económica, al describir un escenario donde un ajuste comercial puede modificar márgenes “de la noche a la mañana”.
Tan sólo durante en el tercer trimestre de 2025, Baja California exportó 14,145.8 millones de dólares, con el 98.1% proveniente de manufactura (13,878.6 millones), de acuerdo con INEGI.
A esa escala se suma la mecánica fronteriza, donde el puerto de entrada de Otay Mesa registró 1,059,759 camiones que ingresaron a Estados Unidos en 2024, el segundo mayor volumen del país solo detrás de Laredo, según el Bureau of Transportation Statistics.

En paralelo, el termómetro IMMEX dimensiona la concentración operativa: Baja California reportó 1,139 establecimientos activos y 595 en Tijuana, con 231,675 personas ocupadas en el municipio dentro de ese programa (septiembre de 2025), conforme a estadísticas estatales basadas en INEGI.
Según Tijuana EDC, la respuesta operativa se basa en estructurar la manufactura bajo el programa IMMEX (maquila), complementarlo con manufactura por contrato o esquemas shelter/refugio, y sostener el cumplimiento documental del T-MEC para exportar con trato preferencial.
El objetivo, señala el texto, es “evadir sistemáticamente” la fricción arancelaria mediante un marco que prioriza velocidad y control de cumplimiento.
Asimismo, se describe que IMMEX permite importar temporalmente insumos y equipo para transformación y exportación, evitando que esos costos entren como desembolsos inmediatos en la operación.
En términos prácticos, indica, el riesgo arancelario deja de ser un costo variable impredecible y se convierte en un proceso administrado.
El análisis incluye un ejemplo, en el que sostiene que si una empresa de ensamblaje electrónico que importe 50 millones de dólares anuales en semiconductores y componentes podría traducir esa operación en una exención inmediata estimada de 8 millones de dólares, al evitar cargas que, de otro modo, afectarían su flujo de caja.
Tijuana EDC enfatiza que operar correctamente bajo IMMEX requiere dominio de marcos regulatorios, protocolos aduaneros, nómina y trazabilidad comercial, capacidades que muchas compañías extranjeras no tienen internalizadas.
En ese punto, el modelo shelter aparece como acelerador: el proveedor se encarga del registro, administración y cumplimiento, mientras la empresa se concentra en ingeniería, procesos y mercado. El documento asegura que lo que puede tomar de 6 a 12 meses en una instalación interna podría estar operativo en 60 a 90 días bajo refugio, una ventana que cobra valor cuando el entorno comercial se modifica sin aviso.
Bajo ese contexto, se atribuye parte de la ventaja a la infraestructura fronteriza y a décadas de operación maquiladora, con procesos diseñados para el flujo industrial. En particular, menciona la dinámica logística asociada al puerto de entrada de Otay Mesa, que permite sostener movimientos de alto volumen y tiempos compatibles con esquemas “justo a tiempo”.
El documento coloca al acuerdo comercial como la capa legal que decide si el producto terminado cruza a Estados Unidos sin aranceles o con costo adicional. En automotriz, subraya el umbral de 75% de Contenido de Valor Regional para calificar al trato preferencial, y las reglas de Contenido de Valor Laboral, entre 40% y 45%, asociadas a producción en instalaciones con salarios de al menos 16 dólares por hora. La ventaja competitiva, afirma Tijuana EDC, surge cuando la manufactura y la documentación se integran al ritmo de planta y no se tratan como un trámite posterior.
Finalmente, el análisis cita operaciones de referencia en Tijuana para ilustrar el modelo: Toyota en manufactura automotriz con integración regional; Samsung en producción de televisores; Poly en electrónica para soluciones corporativas; e Infineon en ensamble y prueba de semiconductores.
Añade que la misma lógica se utiliza en dispositivos médicos, con ejemplos como Welch Allyn, y en aeroespacial, con ensambles complejos como los atribuidos a BAP Aerospace, donde la previsibilidad arancelaria es condición para competir por contratos y sostener tiempos de entrega.
Por ello, y de cara a 2026, el reto de Tijuana no será sólo reaccionar a aranceles, sino blindar el cumplimiento. El T-MEC contempla una revisión conjunta en julio de 2026, fecha que vuelve más sensible cualquier desviación en reglas de origen y trazabilidad documental.

















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