OpenAI, la compañía que ha puesto a la inteligencia artificial en el centro de la conversación mundial, enfrenta una paradoja que podría marcar el rumbo del sector, Y es que mientras sus ingresos crecen, sus pérdidas se multiplican. Según un análisis de Forbes US, la empresa dirigida por Sam Altman —valorada en alrededor de 500 mil millones de dólares— proyecta ingresos anuales por 20 mil millones, pero habría perdido más de 12 mil millones de dólares sólo en el último trimestre.
Detrás de esas cifras se encuentra Sora, su más reciente apuesta, aplicación de generación de video por inteligencia artificial que promete revolucionar el contenido digital, pero que, por ahora, parece más una manguera encendida de dinero que una fuente de rentabilidad.
Lanzada el 30 de septiembre para iOS bajo un sistema de invitación, la app alcanzó un millón de descargas en una semana y más de cuatro millones antes de terminar octubre, de acuerdo con AppFigures.
Usuarios de todo el mundo comenzaron a inundar las redes con clips generados por IA: escenas domésticas imposibles, celebridades recreadas y hasta parodias virales de anuncios televisivos. La fascinación fue inmediata. Pero también lo fueron los costos.
Según estimaciones citadas por Forbes, producir un solo video de 10 segundos en Sora cuesta a OpenAI 1.3 dólares en procesamiento. Si se considera que unos 4.5 millones de usuarios generan videos a diario —y que una cuarta parte de ellos produce en promedio diez por día— el gasto asciende a 15 millones de dólares diarios, o 5.4 mil millones al año.
El propio jefe de Sora, Bill Peebles, lo reconoció a finales de octubre: “La economía es actualmente completamente insostenible”.
Los modelos de video son mucho más complejos que los de texto. Mientras GPT-5 procesa palabras, Sora interpreta cuatro dimensiones: tres espaciales y una temporal, garantizando coherencia entre fotogramas. Detrás de cada clip hay minutos enteros de cálculo en GPU, energía eléctrica y almacenamiento en la nube.
¡Altman y su equipo parecen seguir un guion clásico del Silicon Valley: crecer primero, ganar después. Permitir que millones de usuarios generen videos gratuitos no es un error de cálculo, sino una apuesta. Cada video producido —incluso los memes y parodias— alimenta los modelos de IA de OpenAI con datos valiosos, texto, contexto y movimiento. Es un entrenamiento masivo financiado por la propia empresa.
“Es un libro de jugadas clásico de Internet: no centrarse tanto en los costos iniciales como en construir audiencia y compromiso”, explicó a Forbes el analista Lloyd Walmsley, de Mizuho.
La esperanza está en la eficiencia futura: expertos como Deepak Mathivanan, de Cantor Fitzgerald, prevén que los costos de generación de video podrían caer cinco veces en un año y hasta tres veces más hacia 2027, conforme mejore la tecnología y los chips sean más baratos.
Por ahora, OpenAI planea reducir la cantidad de videos gratuitos y buscar esquemas mixtos de monetización: publicidad, suscripciones o cobros diferenciados para creadores profesionales. Altman admitió en entrevista con Stratechery que “no hay un modelo publicitario que pueda soportar el costo de un mundo donde la gente solo hace memes para enviar a sus tres amigos”.
A pesar de la advertencia, Sora sigue en expansión. La aplicación no solo consolida la presencia de OpenAI en el terreno audiovisual, sino que alimenta a sus demás modelos, que requieren datos de video para entrenarse. En ese sentido, Sora funciona también como un laboratorio de observación masiva y una mina de información visual.
OpenAI no ha desmentido las cifras publicadas por Forbes, pero tampoco las ha confirmado. Lo cierto es que su apuesta recuerda a las primeras etapas de gigantes como YouTube o Facebook: plataformas que en sus inicios perdían millones mientras construían su base de usuarios.
















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