El presidente de Canacintra, Alejandro Jaramillo Osuna, advierte sobre los retos que enfrentará la industria mexicana ante las recientes medidas arancelarias, al tiempo que subraya la interdependencia económica entre México y Estados Unidos.
En un contexto de tensiones comerciales y ajustes legislativos, Alejandro Jaramillo Osuna, presidente de la Cámara Nacional de la Industria de Transformación (Canacintra), destacó la relevancia estratégica de México para Estados Unidos, a pesar de los conflictos de interés que emergen con la imposición de nuevos aranceles y reformas recientemente aprobadas.
“Cada fracción arancelaria tiene su historia. No se puede generalizar si una medida es buena o mala sin entender el impacto particular en cada sector”, señaló Jaramillo, al referirse a la complejidad del nuevo esquema regulatorio que afecta a materiales como papel, cartón, plásticos, polímeros, aluminio y acero.
Jaramillo explicó que Canacintra participó activamente en mesas de trabajo organizadas por la Comisión de Comercio y Competitividad, donde se lograron ajustes importantes gracias a la intervención de legisladores de Baja California y la Secretaría de Desarrollo Económico. “En el caso del aluminio, por ejemplo, logramos demostrar que no tenía sentido imponer aranceles a un producto que se produce en México. Nos escucharon y se corrigió”, afirmó.

Sin embargo, reconoció que no todas las industrias corrieron con la misma suerte. “Muchas empresas aún no dimensionan el impacto real. Apenas están calculando los efectos de lo aprobado. Es un reto para una industria que importa una gran diversidad de componentes”, advirtió.
El líder industrial reconoció la intención del gobierno mexicano de fortalecer la producción nacional, pero advirtió que no todas las industrias son viables en el país. “Gravar sectores que no pueden desarrollarse aquí no cambia esa realidad. Hay que ser estratégicos”, dijo, citando el caso de la industria automotriz, que pidió un plazo de cinco años para adaptarse a las nuevas reglas.
Jaramillo subrayó que muchas marcas extranjeras ensamblan vehículos en México con componentes fabricados por empresas mexicanas de clase mundial. “Cuando compras un auto japonés o americano hecho en México, muchas veces el cristal es de Vitro, el bloque del motor fue vaciado por una empresa nacional. Si se afecta esa cadena, no solo se perjudica a Estados Unidos, también a nosotros”, enfatizó.
Sobre la relación bilateral, fue contundente. “Estados Unidos y México vamos en el mismo barco. Pretender que podemos navegar separados es engañarnos. No nos conviene quitarle las velas a ese barco”. En ese sentido, consideró improbable que se rompa la integración económica lograda a través del T-MEC, y llamó a no caer en fantasías geopolíticas. “México no va a aparecer de pronto al lado de Rusia o Kazajistán. Tenemos un vecino con el que compartimos historia, frontera e intereses. Es un reto, sí, pero también una bendición”, concluyó.

















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