A inicios de 2025 Elon Musk tenía todo para convertirse en el empresario tecnológico más influyente del año. La exposición pública, el tamaño de sus negocios y su cercanía con los centros de decisión en Washington alimentaban esa lectura. Sin embargo, conforme avanzaron los meses, el protagonismo se fue desplazando hacia un nombre que, lejos de la narrativa del “disruptor joven”, representa la vieja guardia de Silicon Valley: Larry Ellison, cofundador y presidente de Oracle.

Con información de Bloomberg
La reaparición de Ellison en la primera línea fue una combinación de estrategia, timing y escala.
Su figura se volvió recurrente en los grandes movimientos que marcaron el año, con inversiones masivas en infraestructura para inteligencia artificial, expansión acelerada de centros de datos y, de forma paralela, una incursión cada vez más visible en el tablero del entretenimiento global.
El punto de partida se ubicó en enero, con la presentación del proyecto Stargate, anunciado como un plan de inversión de 500,000 millones de dólares en infraestructura para IA.
Ellison apareció públicamente junto a directivos de OpenAI y SoftBank, en una puesta en escena que buscó enviar un mensaje: la carrera por dominar la inteligencia artificial no se ganará sólo con modelos, sino con cómputo, energía, centros de datos y capacidad industrial.
Tras ese anuncio, Oracle aceleró una expansión histórica de infraestructura optimizada para IA, a un ritmo que, según los reportes citados, incluso superó previsiones internas.
El costo de esa velocidad fue claro: una presión financiera que llevó a que el flujo de caja se reportara en negativo, algo que no ocurría desde principios de los noventa. En el fondo, la apuesta era la clásica de Silicon Valley en versión 2025: gastar primero para capturar el futuro antes de que lo haga el competidor.
El quiebre de la narrativa llegó a mitad de año, cuando se informó que OpenAI firmó un contrato valuado en torno a 300,000 millones de dólares para alquilar capacidad de cómputo de Oracle. El acuerdo convirtió a la firma de Ellison en un proveedor central de la nueva economía de la IA: no solo un participante, sino un socio con peso estructural en la cadena de suministro digital.
La reacción del mercado fue inmediata. En septiembre, cuando se reveló la magnitud del negocio, los inversionistas interpretaron la noticia como un voto de confianza en Oracle y en su capacidad de capturar la demanda futura de cómputo.
En un solo día, la riqueza estimada de Ellison registró un salto descomunal, y por algunas horas llegó a colocarse por encima de Musk en la lista de los más ricos del mundo, en uno de los mayores incrementos diarios registrados por el índice de multimillonarios de Bloomberg.
Más allá del ranking, el episodio dejó una señal: el centro de gravedad del poder tecnológico se estaba moviendo hacia quien controla infraestructura y contratos a gran escala, no solo hacia quien domina el espectáculo mediático de la innovación.
De Silicon Valley a Hollywood
El ascenso financiero coincidió con el avance de las ambiciones de David Ellison, hijo del empresario, dentro de la industria del entretenimiento. Durante el verano, Skydance Media cerró un acuerdo para ganar control de Paramount, una operación respaldada de forma importante por el capital de Larry Ellison.
Semanas después, el apetito creció: se reportó una aproximación hacia Warner Bros. Discovery. Ellison padre no solo habría ofrecido financiar, sino involucrarse directamente en conversaciones. La respuesta fue negativa, pero el intento evidenció el alcance de la chequera y la intención estratégica: construir músculo para competir en un entorno donde el streaming y los grandes estudios buscan escala para sobrevivir.
En ese contexto, Ellison aceptó garantizar personalmente un financiamiento estimado en 40,400 millones de dólares, un gesto que reforzó su imagen como un actor dispuesto a asumir riesgos en operaciones de alto calibre, incluso fuera de su territorio histórico.
Como suele ocurrir en los ciclos de euforia, el cierre del año trajo matices. La fortuna de Ellison se redujo conforme cayó el precio de las acciones de Oracle y creció el escepticismo sobre la velocidad con la que la IA podrá traducirse en utilidades consistentes. ç
El balance descrito por Bloomberg ubica hoy a Ellison como la quinta persona más rica del mundo, con un patrimonio cercano a 250,000 millones de dólares.
El dato relevante está en la estructura de esa riqueza: se mantiene altamente concentrada en acciones de Oracle. Eso le da potencia, pero también expone a la volatilidad del mercado.
Y, al mismo tiempo, abre la discusión sobre liquidez inmediata, especialmente cuando en el otro extremo hay compromisos ligados a una empresa de medios endeudada y todavía en proceso de demostrar su fortaleza.
Antes de 2025, la imagen pública de Ellison estaba asociada con el lujo clásico de los multimillonarios: aviones, yates, bienes raíces y la isla de Lanai.
Hoy, su fortuna está atada a dos apuestas complejas: la infraestructura de IA —costosa y competitiva— y una expansión mediática con aspiraciones de reordenar el negocio del entretenimiento.

















Comments