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La informalidad, el enemigo silencioso de la economía

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Baja California ocupa el tercer lugar nacional con menor informalidad laboral, apenas 37.6%, muy por debajo del 54.8% que registra México en su conjunto, según el INEGI. Somos, en ese sentido, una excepción dentro de un panorama nacional preocupante: más de 32 millones de mexicanos trabajan sin seguridad social, aguinaldo, crédito para vivienda o una pensión. 

El panorama mundial no es más alentador. La Organización Internacional del Trabajo calcula que para este año 2,100 millones de personas, cerca del 60% de la fuerza laboral del planeta, trabajarán en la informalidad. En América Latina la cifra ronda el 47%. La informalidad no es ya una anomalía de economías atrasadas; es, lamentablemente, la norma para la mayoría de los trabajadores del mundo.

¿Por qué debería importarnos esto en Tijuana, si se supone que es una ciudad que hoy figura entre las mejores posicionadas del país? 
Porque ninguna ciudad es una isla y la informalidad termina por erosionar la economía. Además, en Tijuana vemos cada vez más ambulantaje invadiendo toda la ciudad. 

Un trabajador informal no cotiza, no aporta al gasto público ni genera el ahorro que financia infraestructura, salud o educación. 

Como repetimos en COPARMEX: el empleo formal es el mejor programa social que existe. No hay política asistencial que sustituya lo que da un empleo formal: certeza, prestaciones, historial crediticio y una pensión digna. La tentación de la informalidad es comprensible. 

Cada vez es más difícil convencer a un empresario de que pagar seguridad social vale la pena cuando la contraprestación es un sistema de salud saturado, con largas esperas y servicios insuficientes. Si el costo de ser formal se percibe alto y el beneficio bajo, la economía informal se vuelve una salida racional a corto plazo. Pero es una salida falsa

La informalidad no construye negocios sostenibles: los mantiene pequeños, sin acceso a crédito, sin capacidad de crecer y sin protección ante una enfermedad o un accidente. A la larga, un negocio informal no subsiste, sobrevive, que no es lo mismo. La formalidad es incómoda en el corto plazo y necesaria en el largo: es la única vía hacia una economía que genere valor y empleo de calidad.

El reto no es elegir entre exigir el cumplimiento de la ley o mejorar el sistema que lo sostiene. Es hacer ambas cosas a la vez: seguir empujando la formalidad e insistir en que el Estado cumpla su parte. Una economía formal fuerte no se sostiene solo con inspecciones y multas, sino con la convicción de que vale la pena ser parte de ella. Esa convicción hoy se pone a prueba en cada esquina informal de nuestra ciudad, de nuestro país y del mundo.

-Elisa Ibáñez Presidente del Centro Empresarial de COPARMEX Tijuana

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