El Estrecho de Ormuz, una de las arterias estratégicas del comercio energético mundial, enfrenta un entorno de alta cautela operativa luego de los bombardeos de Estados Unidos e Israel contra Irán.
Aunque la vía marítima permanece abierta y el tránsito no se ha detenido por completo, armadores y navieras han comenzado a ajustar sus rutas y protocolos, lo que ha encendido alertas en los mercados sobre un posible aumento en el precio del petróleo y del gas natural licuado (GNL).
Datos de seguimiento marítimo recopilados por Bloomberg muestran que varios petroleros han optado por evitar el paso por el estrecho o han pausado su avance en los accesos.
La naviera japonesa Nippon Yusen KK instruyó a su flota a no navegar por la zona, mientras que Grecia pidió a su flota mercante reevaluar el tránsito por el área. En paralelo, otros armadores han señalado que revisan sus políticas de navegación o han indicado a sus embarcaciones proceder con máxima cautela.
El Estrecho de Ormuz conecta el Golfo Pérsico con mar abierto y por él transita diariamente cerca de una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado transportado por vía marítima en el mundo. Esta proporción explica por qué cualquier alteración, real o potencial, en la zona genera reacciones inmediatas entre operadores, aseguradoras y analistas energéticos.
Aunque observadores navales citados indican que el flujo marítimo continúa, la acumulación de buques dentro y fuera de la entrada al estrecho refleja un entorno de incertidumbre.
Al menos tres metaneros con destino hacia o desde Qatar han pausado sus trayectos para evitar el cruce. Qatar es el segundo mayor exportador mundial de GNL, con alrededor de 20% del suministro global el año pasado, y todos sus cargamentos deben atravesar Ormuz para llegar a Asia y Europa.
En el segmento petrolero, el Eagle Veracruz, que transporta 2 millones de barriles de crudo iraquí y emiratí hacia China,se detuvo en el acceso occidental del estrecho, donde se le unió el Front Beauly con un volumen similar de crudo saudí.
También el superpetrolero Mitake, con destino a Ras Tanura, en Arabia Saudita, redujo prácticamente su avance al este de Omán tras conocerse la noticia del ataque estadounidense, sumándose a otras embarcaciones inactivas frente al Golfo de Omán.
Pese a ello, no se trata de un cierre formal de la ruta. Al menos 17 petroleros continuaban cruzando el estrecho en ambas direcciones a las 10:30 GMT, de acuerdo con señales automáticas de los barcos.
En el plano financiero, los futuros del petróleo de referencia permanecen cerrados durante el fin de semana, lo que limita la visibilidad inmediata sobre la reacción plena del mercado.
Sin embargo, un producto minorista de negociación operado por IG Group Ltd. llegó a cotizar el West Texas Intermediate (WTI) en 75.33 dólares por barril, un incremento de hasta 12% respecto al cierre del viernes.
Economistas y operadores energéticos citados por Bloomberg observan con atención dos variables principales, desde la posibilidad de represalias iraníes que afecten la infraestructura portuaria o el tránsito marítimo, y el impacto que una interrupción prolongada tendría en la oferta global.
Dado que una quinta parte del suministro marítimo mundial de crudo y GNL depende de esta vía, cualquier restricción significativa podría traducirse en presiones inflacionarias en mercados importadores y en mayor volatilidad en los precios internacionales de la energía.
Por ahora, se informó, la navegación continúa, pero bajo una estrategia de cautela reforzada.
















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