Tras la imposición de un nuevo arancel del 35% a productos canadienses por parte de Washington, Ottawa ha optado por recomponer su vínculo con su otro socio del T-MEC.
El cambio de tono es evidente. Esta semana, la ministra de Asuntos Exteriores de Canadá, Anita Anand, visitó la Ciudad de México y sostuvo una reunión formal con la presidenta Claudia Sheinbaum en Palacio Nacional.
“Es extremadamente importante para Canadá tener una relación resiliente con México”, declaró la funcionaria a la agencia Reuters tras el encuentro. El mensaje fue claro: Canadá busca un nuevo capítulo en su relación con México.
Para los analistas y expertos de la materia, la tarea no será sencilla. La relación entre ambos países, históricamente sólida gracias al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y posteriormente al T-MEC, se debilitó bajo la administración del ex primer ministro Justin Trudeau.
Durante su mandato, Canadá priorizó acercamientos bilaterales con Estados Unidos, incluso considerando acuerdos comerciales sin México ante la presión arancelaria impuesta por la administración Trump.
Uno de los momentos más tensos ocurrió tras la visita de Trudeau a Mar-a-Lago, cuando la entonces embajadora canadiense en Washington, Kirsten Hillman, sugirió que “la frontera del norte era muy diferente a la frontera mexicana”.
El comentario fue interpretado en México como una descalificación velada. La respuesta de la entonces jefa de Gobierno de la Ciudad de México y hoy presidenta, Claudia Sheinbaum, no tardó: “México debe ser respetado, especialmente por sus socios comerciales”, afirmó.
La situación se agravó cuando Doug Ford, primer ministro de Ontario, calificó las comparaciones entre México y Canadá como “la cosa más insultante que he escuchado”. Estas declaraciones crearon un ambiente hostil que la administración Carney ahora busca revertir.
Realineamiento geopolítico y revisión del T-MEC
La reconfiguración llega en un contexto sensible: la revisión anticipada del T-MEC podría darse este mismo año, según declaraciones del secretario de Economía de México, Marcelo Ebrard. Esta coyuntura convierte la coordinación entre socios en una prioridad estratégica para Ottawa.
Mientras México consiguió una prórroga de 90 días en los aranceles del 30%, otorgada por la administración estadounidense, Canadá sufrió un revés, al ver incrementado su arancel del 30% al 35%.
Además, persisten amenazas adicionales como los gravámenes del 50% al acero y aluminio, y los impuestos al tomate y las autopartes.
En ese escenario, la apuesta de Mark Carney por una nueva etapa con México se perfila como un intento de reequilibrar fuerzas dentro del acuerdo trilateral. “Es importante preservar el T-MEC”, subrayó el primer ministro canadiense, según declaraciones retomadas por la BBC.
¿Un nuevo eje México-Canadá?
Más allá de la coyuntura arancelaria, el acercamiento entre Canadá y México podría sentar las bases para una alianza estratégica más profunda, especialmente si las fricciones con Estados Unidos persisten o escalan. La convergencia en temas como transición energética, derechos laborales y cooperación científica podría constituir un terreno fértil para relanzar la relación.
Para México, esta reconfiguración también representa una oportunidad: diversificar su interlocución dentro del T-MEC y ganar mayor margen de maniobra en futuras negociaciones. Para Canadá, se trata de reconstruir la confianza, reparar las fracturas heredadas y asegurar que sus intereses no queden aislados en un acuerdo que depende, inevitablemente, de tres actores en constante tensión.




















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