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Hay varios Brando icónicos: el de la camiseta de Un tranvía llamado deseo, el de la mandíbula saliente de El padrino, el de la cabeza rapada deApocalypse now, el de la mantequilla de Último tango en París, el de la túnica de Julio César y, como no, el de la chupa de cuero de Salvaje, la película en la que el actor encarna a Johnny, el líder de una banda de moteros, la Black Rebels Motorcycle Club. Violecnia, enfrentamiento entre grupos de motoristas, algo de amor… En Salvaje caben muchas cosas —es desde luego el mejor trabajo de su director, el húngaro Laslo Benedek— pero ante todo ha dejado una imaginería espléndida para los amantes de las motos. Esa diversión visual es la que justifica su presencia en el ciclo de cine pop del Museo Thyssen-Bornemisza, donde se proyecta el próximo sábado a las 19.30. Y Brando, claro, del que ahora se cumple una década de su fallecimiento: ese Brando altivo, chulesco y a la vez enamorado y tierno. Lo tenía todo.

Fuente: elpais.com

 

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