Antes de preguntar cuánto cuesta una cirugía plástica, el Doctor Ángel Gabriel Ríos González considera que el paciente debería hacerse otras preguntas: quién lo va a operar, qué preparación tiene, si está certificado y quién responderá por su recuperación después del procedimiento.
El cirujano plástico y reconstructivo conversó durante una entrevista exclusiva con Campestre sobre uno de los temas que actualmente ocupa buena parte de su trabajo profesional: la ética dentro de la especialidad y la necesidad de proteger al paciente frente al ejercicio irregular de procedimientos quirúrgicos.

Ríos González es integrante de la Comisión de Ética de la Federación Colegiada de Cirugía Plástica de México y del Colegio de Cirujanos Plásticos, Estéticos y Reconstructivos de Baja California (CCPERBC), cargos desde los que participa en discusiones relacionadas con regulación, conducta profesional y seguridad del paciente. Su participación en ambos organismos ha sido documentada recientemente por el propio sector médico en Baja California.
Su formación también puede verificarse públicamente. El directorio vigente del Consejo Mexicano de Cirugía Plástica, Estética y Reconstructiva registra a Ángel Gabriel Ríos González con el certificado número 1345 entre los especialistas de Baja California.
Para el médico, ética y capacidad técnica no pueden entenderse como asuntos separados.
“El ser un excelente cirujano plástico no está separado de la cuestión ética”.

Durante la conversación explicó que la ética profesional busca precisamente establecer límites y responsabilidades en temas como competencia profesional, publicidad, relación con los pacientes y comportamiento entre especialistas. Ríos señaló además que ha participado en la elaboración de códigos de ética dentro de los organismos a los que pertenece. Markdown pegado
Uno de sus principales mensajes fue que un título de médico no convierte automáticamente a una persona en cirujano plástico. En México, para realizar procedimientos médico-quirúrgicos de especialidad se requiere una cédula de especialista y un certificado vigente expedido por el consejo correspondiente, requisitos establecidos en el artículo 272 Bis de la Ley General de Salud.
Cofepris también ha reiterado que una maestría en cirugía estética no faculta por sí misma para realizar cirugías propias de la especialidad, y recomienda a los pacientes comprobar tanto las credenciales del médico como la licencia sanitaria del establecimiento antes de someterse a una intervención.
Ríos González resume la búsqueda de un especialista en cuatro elementos: que sea médico, que cuente con la especialidad en cirugía plástica, que mantenga una certificación vigente y que tenga experiencia en el procedimiento específico que pretende realizar. Como una capa adicional de vigilancia profesional, recomienda también conocer su relación con el colegio médico de la entidad donde ejercerá.
El especialista considera que uno de los primeros focos de alerta puede aparecer incluso antes de una consulta: promociones excesivamente agresivas, costos alejados de la realidad de un procedimiento quirúrgico y publicidad que ofrece resultados prácticamente garantizados.
En su experiencia, explicó, una cirugía no debe entenderse como la compra de un resultado estético predeterminado. La medicina trabaja bajo una obligación de medios: el especialista debe contar con preparación, infraestructura, conocimientos, protocolos y seguimiento adecuados para buscar el mejor resultado posible de acuerdo con las condiciones particulares del paciente.

La preocupación adquiere una dimensión particular en Tijuana por su dinámica fronteriza y el flujo de pacientes provenientes de Estados Unidos y otras regiones. Para Ríos, recibir a un paciente que posteriormente regresará a su lugar de origen obliga al cirujano a establecer mecanismos claros de seguimiento.
El problema, señaló, aparece cuando una persona es intervenida y después pierde comunicación con quien realizó la cirugía. El cuidado posoperatorio forma parte del procedimiento y no termina con la salida del quirófano, particularmente ante señales como dolor fuera de lo esperado, fiebre, sangrado o posibles complicaciones.
Por ello, también hizo énfasis en los llamados médicos itinerantes: especialistas que se trasladan temporalmente desde otras entidades para operar pacientes. Ríos aclaró que trasladarse para ejercer no constituye por sí mismo una irregularidad, pero sostuvo que quienes lo hacen deben cumplir con la regulación aplicable en Baja California y garantizar el seguimiento de las personas intervenidas.
Más allá de los conflictos internos de la profesión, el médico insistió en que la discusión debe volver siempre al paciente. Fotografías en redes sociales, número de seguidores, promociones o paredes cubiertas de diplomas no sustituyen la posibilidad de verificar directamente una especialidad y una certificación en los registros correspondientes.
El propio Consejo Mexicano de Cirugía Plástica mantiene un directorio público para consultar especialistas certificados y establece procesos periódicos de recertificación. El organismo señala que la certificación busca comprobar conocimientos, destrezas y actualización profesional de quienes ejercen la especialidad.
Para Ríos González, esa verificación debería ocurrir antes de discutir cualquier otra variable de una cirugía.
“Piensen que no solamente están pensando en la apariencia. Están poniendo su vida y su salud en manos de un profesional”.
En una ciudad donde la cirugía plástica forma parte importante del ecosistema de turismo médico, la certificación termina siendo más que un documento: funciona como uno de los principales filtros para que el paciente pueda tomar una decisión informada antes de entrar al quirófano.

















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