Elon Musk ha pasado de ser uno de los empresarios más importantes de Silicon Valley a convertirse en una figura capaz de influir simultáneamente en la tecnología, la industria automotriz, la exploración espacial, las redes sociales y la política. Ahora, Alex Gibney intenta entender cómo ocurrió.
El resultado es Musk, un documental de 232 minutos que llegó al Festival de Cine de Venecia con la intención de construir un retrato mucho más amplio que la sucesión de titulares que normalmente rodean al empresario.
Gibney, ganador del Óscar y reconocido por sus documentales de investigación, reconstruye las distintas etapas de la trayectoria de Musk: sus obsesiones con internet, energía y exploración espacial; el crecimiento de Tesla y SpaceX; su adquisición de Twitter —hoy X— y su posterior acercamiento al poder político.
Uno de los recursos más llamativos de la película aparece precisamente porque Musk no participó en el documental. Gibney utiliza citas textuales del empresario para construir una recreación sintética de una entrevista mediante inteligencia artificial, llevando al propio lenguaje de Musk al centro de la discusión sobre su personaje público.
El documental también aborda el desarrollo de los vehículos autónomos, la influencia de Starlink en la guerra de Ucrania y la transformación política de Musk, temas que Gibney utiliza para cuestionar dónde termina el empresario visionario y dónde comienza una concentración de poder capaz de afectar la vida pública.
La película incluso incorpora una nueva pieza musical de David Byrne, quien escribió e interpreta “Let Me Sell You a Dream” junto al compositor Daniel Pemberton.
Más que una biografía convencional, Musk propone una pregunta incómoda: qué ocurre cuando la capacidad tecnológica, la riqueza y la influencia política terminan concentrándose en una sola persona.
















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